El coloso de Nueva York (fragmento)Colson Whitehead

El coloso de Nueva York (fragmento)

"Algunos de los comercios de toda la vida han desaparecido desde la última vez que estuvo aquí. Lo que ocupa sus locales es luminoso y brillante como unas llaves nuevas. Las llaves nuevas encajan en cerraduras nuevas. Aquí es raro que el establecimiento nuevo sea de menor categoría que el anterior, ojalá pudiera hacer consigo mismo y sus ideas como las propiedades inmobiliarias: solo prosperar. Dios es testigo de que ha intentado adaptarse al mercado siempre cambiante pero la camisa nueva es solo eso, no va más allá: en cuanto entren, reconocerán la mercancía y objeciones de siempre. Ha hecho limpieza —a veces acaba con el cerebro muy sucio—, pero ellos no verán lo que ha renovado; es un oficio muerto, algo que solo recuerdan los directorios telefónicos antiguos. Herrero, afilador. Acelera el paso.
Camina hasta desfallecer. Pasa de largo por lugares en los que solo ha entrado una vez y no piensa volver, una pizzería, un bar de comidas, lugares que fueron el refugio de una noche o una tarde porque no quería llegar temprano, porque esperaba rato entre cita y cita, porque le había entrado pánico. Durante diez minutos o media hora mató el rato en la barra, desatendido por las camareras o picoteando algo horneado, una vez y ninguna más, y ahora el lugar es un monumento a aquel día y lo será durante años y años, con las ventanas algo más mugrientas y los carteles más descoloridos, hasta que un día se transforme en tienda de animales. Pasa de largo frente al escaparate renovado sin pensar, olvida que alguna vez te detuviste ahí, el cambio de propietario demuestra el traslado de esos viejos tus. Créetelo y desaloja así la verdad de las cosas.
En ocasiones como esta puede resultar beneficioso recordar algunos versos de la última novedad en libros de autoayuda. Viviendo tan cerca de Broadway, bajo su radiación día tras día, acabarás enfermo. En este tramo los porteros prohíben el paso a la chusma enferma, distinguiéndola de las epidemias más lujosas de los pisos de arriba. En ese tramo nunca se lavan los platos hasta que están todos sucios, permitiendo a los inquilinos tiempo para garabatear postales fraudulentas para lugares que nunca debieron abandonar. ¿Y quién vive en tu planta? Tu surtido personal de huéspedes de paso y enfermos confinados en casa. Menuda pandilla más rara. Las paredes aquí son de papel. La ira y la compasión han sido tus vecinos durante años, discusiones y chasquidos de lengua escuchados a escondidas, pero no se han visto las caras desde hace años. "



El Poder de la Palabra
epdlp.com