Qué es la historia? (fragmento)Edward Hallett Carr

Qué es la historia? (fragmento)

"A finales del siglo XVIII, cuando la ciencia había contribuido de modo tan espectacular al conocimiento que el hombre tenía del mundo y de sus propios atributos físicos, empezó a plantearse la pregunta de si la ciencia no podría también coadyuvar a un mejor conocimiento de la sociedad. La concepción de las ciencias sociales, y de la historia entre ellas, fue gradualmente desarrollándose durante el siglo XIX; y el método con que la ciencia estudiaba el mundo de la naturaleza se aplicó al estudio de los asuntos humanos. En la primera parte de este período prevaleció la tradición newtoniana. La sociedad, lo mismo que el mundo de la naturaleza, se concebía como un mecanismo; aún se recuerda el título de una obra de Herbert Spencer, La Estática Social, publicada en 1851. Bertrand Russell, educado en el seno de esta tradición, había de rememorar más tarde el período que esperaba llegaría el día en que hubiese «una matemática del comportamiento humano tan precisa como la matemática de la mecánica».1 Luego, Darwin provocó otra revolución científica; y los especialistas de las ciencias sociales, partiendo de la biología, empezaron a pensar en la sociedad como un organismo. Pero la verdadera importancia de la revolución de Darwin fue que éste, completando la tarea iniciada por Lyell en geología, introdujo la historia en la ciencia natural. La ciencia ya no se ocupaba de algo estático y fuera del tiempo,2 sino de un proceso de cambio y desarrollo. La evolución en ciencia confirmaba y complementaba el progreso en historia. Nada sin embargo vino a modificar la concepción inductiva del método histórico que describí en mi primera conferencia: recopilación de datos primeros, y luego, interpretación. Se partía del supuesto indiscutido de que tal era también el método de la ciencia. Ésta era la noción de que obviamente partía Bury cuando, en las palabras finales de su lección inaugural de enero de 1903, describía la historia como «una ciencia, ni más ni menos». Los cincuenta años siguientes a la lección de Bury han sido testigos de una reacción violenta contra esta concepción de la historia. A Collingwood, cuando escribía en los años treinta y tantos, le preocupaba especialmente la necesidad de deslindar en forma clara el mundo de la naturaleza, objeto de la investigación científica, y el mundo de la historia, y durante este período el aserto de Bury se citó raras veces, salvo en son de burla. Pero lo que no vieron entonces los historiadores es que la propia ciencia había sufrido una profunda revolución, con lo que parece que Bury estuvo más cerca de la verdad de lo que habíamos supuesto, aunque por razones que no son las buenas. Lo que hicieron Lyell con la geología y Darwin con la biología se ha hecho ahora con la astronomía, que se ha convertido en la ciencia de cómo el universo ha llegado a ser lo que es; y los físicos modernos dicen constantemente que ellos no estudian hechos sino acontecimientos. El historiador tiene alguna excusa por encontrarse más a gusto en el mundo de la ciencia hoy que hace cien años. "


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