Camino de perdición (fragmento)Luis Mateo Díez

Camino de perdición (fragmento)

"Niseno estaba escondido dentro. Sus ojos sostenían una súplica que no lograba superar el desfallecimiento. Le costó trabajo entender que Odollo venía a rescatarlo y contuvo con esfuerzo un conato de mareo cuando intentó dar dos pasos por la habitación para sentarse en la cama.
El traje de boda mantenía el apresto más allá de los lamparones y las desgarraduras y el nudo wilson de la corbata no había terminado de deshacerse y era un dogal caído, como la soga del ahorcado que logró huir.
La cima de Huéspedes Bardón resultaba todavía más complicada de alcanzar en el sopor de la madrugada cuando, después de la propuesta de Ángel Colunga de llevarse a Niseno a un lugar seguro fuera de la ruta hasta que aclarara el temporal, regresó Sebastián con la intención de descabezar un sueño antes de emprender la jornada hacia Sermil.
Algún reloj había dado las secas campanadas que soliviantan la tregua en que el sueño queda detenido, esa pausa que es como la escorredura de la noche, un límite de sosiego que precede al abatimiento. Notó cierta flaqueza en las piernas y aseguró su equilibrio en el pasamanos mientras recordaba el whisky que llenaba los vasos según se sucedían las partidas, el sabor de cebada y el olor de nicotina entre la suciedad de los naipes que estaban cubiertos de una pátina grasienta.
Cuando caminaba por el pasillo hacia su habitación distinguió un diminuto brillo en el suelo, un destello fugaz que no logró concretar y, antes de llevar la mano a la cabeza para aliviar el peso que no tardaría en derivar en un dolor concentrado en la frente, se acordó de Dídimo.
El rumor de las huestes era el rumor hacendoso del hormiguero y en el orden del desfile las largas antenas, las patas espinosas, los élitros de ramas bifurcadas, conjuntaban un débil zumbido que marcaba su impulso marcial.
El diminuto brillo podía pertenecer a la coraza de algún recluta despistado y Sebastián estuvo seguro de ello al intentar abrir la puerta de su habitación, cuando sintió bajo la suela del zapato una masa que reventaba entre minúsculas esquirlas. "



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