El puerto de los aromas (fragmento)John Lanchester

El puerto de los aromas (fragmento)

"Durante la guerra, resultaba muy tentador preguntarse qué estaría ocurriendo en otras partes. Esa era una de las razones por las que las largas horas en el banco nos venían tan bien. Cuando doblaba la esquina y veía los leones de piedra al pie de la central de Queen's Road, sabiendo que al poco rato me encontraría respirando el aire fresco del techo abovedado del banco, me quitaba un peso de encima. De otro modo, me habría pasado el día preocupándome y soñando despierto. ¿Qué habría sido de mi abuela y de David? ¿Seguiría yendo tan mal la guerra en Europa? (Los japoneses publicaban un periódico en inglés, el Hong Kong Daily News, que no paraba de suministrarnos una dieta de derrotas aliadas.) ¿Qué estaba sucediendo en China? ¿Dónde estaría Maria? ¿Seguiría viva? ¿Nos mandarían a un campo de concentración? (No dejaban de correr rumores sobre el tema.) Y si nos mandaban allí, ¿habría suficiente comida? ¿Qué ocurriría si los japoneses nos descubrían? Y luego la pregunta que no podía parar de hacerme, que era: ¿Por qué yo?, ¿por qué nosotros?, ¿por qué aquí?, ¿por qué Maria?, ¿por qué cualquiera de nosotros haciendo lo que estábamos haciendo en el lugar en que lo estábamos haciendo? ¿Por qué se nos había abandonado?
Tal vez sea lógico que la única vez que mantuve algo parecido a una auténtica conversación con Wo Man-Lee fuese también la única vez que le hice una pregunta sobre sus razones. Yo estaba trabajando en la planta baja del banco, en la sala principal, un trabajo aburrido y pesado que consistía fundamentalmente en deambular por allí con las manos a la espalda, como si supiera lo que hacía, esperando a que requieran mi ayuda para resolver alguna pequeña discrepancia con algún cliente insatisfecho. Era una de las partes de mi trabajo que más se parecía a la gerencia del hotel. No estábamos muy ocupados; la zona del banco donde se trataba con el público nunca lo estaba. Andaba paseándome por allí cuando oí que alguien alzaba la voz, miré en aquella dirección y, para mi absoluta sorpresa, vi a Wo discutiendo con uno de los cajeros. Era la primera vez que lo veía fuera de la clandestinidad, y por un momento creí que iba a desmayarme del susto. El cajero me miró como suplicándome que me acercara. "



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