El guardabarrera (fragmento)Andrea Camilleri

El guardabarrera (fragmento)

"La celda de seguridad tenía dos mesas de madera clavadas en el muro y sostenidas por cadenas que hacían de cama. También había un cubo para las necesidades y una palangana con agua para lavarse la cara.
Había barras de hierro en la puerta, barras de hierro incluso en el ventanuco, que era tan pequeño que por él no podía pasar ni una alondra.
Se echaron cada uno sobre una tabla sin hablar.
Totó siguió llorando durante un rato, y luego poco a poco se quedó dormido. A su alrededor había un gran silencio, ya que los guardias se habían ido a acostar.
Nino habría querido desahogarse como su amigo, pero, aunque tenía el corazón encogido, no podía llorar.
No conseguía compadecerse por su situación, porque era mayor la preocupación por Minica, sola, en la caseta, que no lo veía volver, se imaginaba alguna desgracia, a medida que pasaban las horas, y no sabía a qué santo encomendarse en busca de ayuda. ¡Se desesperaría, pobrecilla! ¡Se golpearía la cabeza contra la pared sin que nadie le dijera una palabra de consuelo!
No logró pegar ojo en toda la noche, siempre pensando en su mujer y en el pequeño que tenía en el vientre.
Por la mañana, a las seis, abrieron la puerta y aparecieron dos guardias. ¡A uno lo conocía! Era un cliente del salón, siempre le había parecido una buena persona, aunque fuera poli.
[...]
Por la tarde, después de salir del cuartel, Nino volvió a casa de Totó y, como aún no estaba lista la comida, tuvo tiempo de charlar con su amigo. Estaban de acuerdo en que lo que había ocurrido en el salón de don Amedeo con motivo de la bronca del señor Ingargiola significaba el fin de los conciertos dominicales. No había nada que hacer.
Por otra parte, el barbero mismo no había dicho nada de la posibilidad de reanudarlos. Paciencia, había que esperar a que cambiara el viento.
En la mesa, ni siquiera consiguió tragar. Luego le dio las gracias a la madre de Totó y se fue a acostar. No pudo pegar ojo, tenía siempre delante la máscara de Barrafato.
Al día siguiente, por la mañana, antes de las cinco, salió de la casa de Totó con el hatillo de ropa y la mandolina y se encaminó hacia la estación. "



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