Un amor (fragmento)Dino Buzzati

Un amor (fragmento)

"Él se quedó esperando en el sillón de mimbre que estaba en un rincón desde el que podía observar la escalera. Desde su mostrador, allí al fondo, el conserje podía verlo. Antonio se sentía violentísimo y ridículo. A su edad, dejarse ver manejado por una chiquilla. ¡El tío! ¡Menudo si el conserje no se lo habría figurado! La clásica situación: el viejo que paga y la jovencita de vida alegre que se va a menudo con maromos. En la mirada de un camarero que pasaba le pareció adivinar la ironía.
Se oyeron unos pasos por la escalera. No, eran de hombre. Apareció un jovencito con jersey que llevaba al brazo una chaqueta de gamuza: un tipo deportivo. Tal vez uno de los pilotos que entrenaban en el circuito, un probador. ¿Sería por él —se preguntó Antonio— por lo que Laide le había prohibido subir a su habitación? Mientras Laide tomaba el café con él, Antonio, ¿estaría acaso el jovencito afeitándose en su habitación?
Antonio lo escrutó, pero pasó de largo hacia la salida sin hacer el menor caso de él, cosa que lo tranquilizó. Si el joven había estado en la habitación con ella, Laide debía de haber buscado un pretexto para bajar: acaso le hubiera dicho que había llegado su tío. En ese caso, aunque sólo hubiese sido por curiosidad, el joven habría echado un vistazo a Antonio.
Por lo demás, se trataba de una hipótesis absurda. Laide, tan preocupada por guardar las formas (preocupación ridícula, porque estaba seguro de que todos, desde el conserje hasta el último cliente del hotel, la habían catalogado como una putilla fuera de casa: ¡pues no decía que hacía de modelo para fotografías de moda! ¡Vamos, hombre!), Laide no habría dejado, seguro, que un joven pasara toda la noche con ella. Tras haber hecho el amor, lo habría despachado a su habitación.
Un arranque de rebelión interna. ¿Estaría volviéndose idiota? ¿Por qué aquel inquieto trajín de sospechas celosas? ¿Acaso era suya Laide? ¿Qué obligaciones tenía para con él? ¿Tal vez por aquellas cincuenta mil liras que le había pedido ella prestadas (para una deuda contraída por la enfermedad de su madre, que se había comprometido a pagar a plazos, uno de los cuales vencía precisamente el día siguiente) y que él había tenido mucho gusto en prestarle por la sensación de trabar con ella un vínculo privado? No, no podía honradamente pensar que aquellas cincuenta mil liras le impusieran una obligación, por vaga que fuese, de fidelidad. "



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