El demonio del movimiento (fragmento)Stefan Grabinski

El demonio del movimiento (fragmento)

"Una vez más fijó su mirada en el dibujo, que sostenía con la mano derecha a la altura de los ojos, con la fuerza fanática de sus pupilas repentinamente dilatadas… De pronto, se puso rígido como un tronco, soltó la cartulina de las manos y se quedó paralizado en medio del compartimento; sus ojos se elevaron tanto que solo se veía el blanco y su rostro adquirió una expresión impasible. De pronto se encaminó como un autómata, rígido, hacia la ventanilla abierta. Se apoyó en el marco inferior y se impulsó con las piernas para asomar la mitad de su cuerpo. La parte de su cuerpo que estaba estirada más allá de la ventana, rígida como la aguja de un imán, se columpió un par de veces en el marco hasta formar un ángulo con la pared del vagón…
De repente, se oyó un estallido infernal, como de vagones aplastándose, el estruendo feroz del hierro triturado, el estrépito de los raíles, los parachoques, el ruido de las cadenas y las ruedas desenfrenadas. En medio del tumulto de los bancos despedazándose, de las puertas cayéndose, entre los rugidos de los techos, los suelos y las paredes que se derrumbaban, en medio del estrépito de las tuberías, cables y depósitos que estallaban, se oyó el silbido desesperado de la locomotora…
De pronto, todo se silenció, se clavó en la tierra, se dispersó, y los oídos se llenaron de un murmullo grande, potente e infinito…
Y el murmullo de la duración envolvió el mundo durante un largo rato; parecía que todas las cascadas de la Tierra interpretaran una canción amenazante y que todos los árboles de la Tierra hicieran susurrar a sus infinitas hojas… Luego, también esto se acalló y el vasto silencio de la oscuridad se cernió sobre el mundo. En los inmóviles y mudos cielos, unas manos invisibles y mimosas acariciaban el crespón negro del espacio. Y bajo esa delicada caricia, unas olas suaves, que se aproximaban en unos tubos silenciosos, empezaron a balancearse, y a acunarlos para que durmieran… un dulce y silencioso sueño…
En algún momento, el profesor volvió en sí. Echó una mirada a su alrededor, medio inconsciente, y se dio cuenta de que estaba solo en el compartimento. Una vaga sensación de extrañeza se apoderó de él; todo, más allá de su persona, le pareció, en cierto modo, diferente, en cierto modo, nuevo, algo a lo que todavía tenía que acostumbrarse. Sin embargo, esa adaptación resultaba extrañamente difícil y lenta. Sencillamente, había que cambiar por completo «el punto de vista y la forma de ver las cosas». Ryszpans se sentía como si estuviera saliendo a la luz del día después de un largo recorrido por un túnel de varias millas de largo. Miraba con los ojos cegados por la oscuridad, borrando la neblina que le tapaba la vista. Empezaba a recobrar la memoria…
Por su cabeza fueron pasando, una por una, las descoloridas imágenes de sus recuerdos que se abrían paso a través de… esto. Algo parecido a un estruendo, un estrépito, una especie de impacto repentino que había nivelado todas las sensaciones y conciencias. "



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