Ecuatoria (fragmento)Patrick Deville

Ecuatoria (fragmento)

"Desde Franceville, la frontera congoleña más cercana está al sudeste. Cada fin de semana, a poco que se sea congoleño o gabonés, en cualquier caso y súbdito del rey Auguste Nguempio, se puede acceder a un puente sobre el río Léconi. En su extremo hay un gran mercado donde, además de venderse legumbres y aves, ofician los revendedores, que aquí se conocen como gadafis, de esos bidones de veinte litros de gasolina llamados jerrycans.
Elegimos la ruta norte, a través de las mesetas Bateke, porque desde hace meses los chinos construyen en ellas la carretera de Brazza. Hace dos años que Franklin negocia la compra de un jeep y vamos en busca del vendedor. La circulación por esta carretera es libre hasta la aldea de Léconi. Más allá, las planicies están prohibidas para los vehículos particulares, con el pretexto de que una franja de varias decenas de kilómetros, en dirección al Congo, ha sido declarada reserva natural. Una vez llegados a Léconi, deberemos contactar con las autoridades. Hasta allí, la carretera sólo está marcada por las barreras de policía. Tenemos que atravesar Bongoville, la villa del presidente. Franqueamos el Léconi, después la carretera trepa derecha hacia las mesetas, bordeada por algunas aldeas rodeadas de campos de yuca y piña. Franklin conduce con el pie hundido en el pedal y el jeep vibra como un viejo aeroplano al que al despegar se le hubieran desprendido algunos pernos. Dos horas más tarde, llegamos a las obras de los chinos.
El proyecto del presidente congoleño Denis Sassou Nguesso y de su yerno, el presidente gabonés Omar Bongo, es abrir de esta manera una vía de comercio hacia el norte. Y con ello terminar con la oposición política y la guerrilla del sur, que amenaza la línea de ferrocarril Congo-Océano. La vía será sometida a dos rupturas de carga: en el tren transgabonés desde Libreville hasta Franceville, en camiones a través de las mesetas Bateke y, después, en barcas chatas a través del Congo hasta Brazzaville. Este proyecto de comercio transfronterizo no es ajeno a su común decisión de erigir el mausoleo a Brazza.
Y de hacer del fundador tanto de Franceville como de Brazzaville un héroe binacional y casi familiar.
La carretera de los chinos será rectilínea. Todavía no es más que una cinta de fango rosado bajo la lluvia. No ha llegado aún el momento del alquitrán sino el del habitual ballet de las excavadoras y los bulldozers, máquinas anaranjadas consteladas de luces intermitentes bajo el aguacero. Durante muchos kilómetros avanzamos sobre este lodazal en el que patina el Land Rover, levantando salpicaduras rosadas que los limpiaparabrisas barren. Torcemos el rumbo en la sabana, pasamos una colina, continuamos a pie entre las altas hierbas. Estamos al final de la mañana y avanzamos en medio del frío y bajo la llovizna. El cielo tiene el gris de Brest, la temperatura es de unos quince grados. Brazza y sus seis compañeros atravesaron descalzos estos ciento veinte kilómetros, cargando cajas que ocultaban cada noche en las dunas. Uno entrevé la arena bajo las hierbas lacerantes. Marchamos cerca del Cañón Rosa, más allá del cual se extiende el lago de los Cocodrilos, que es la fuente del Léconi. "



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