Un general confederado de Big Sur (fragmento)Richard Brautigan

Un general confederado de Big Sur (fragmento)

"Se fue montaña arriba hasta la meseta. Había un incómodo camino de tierra. Se fue haciendo cada vez más pequeño en el camino y nuestras cinco balas del 22 también se fueron haciendo cada vez más pequeñas. Imaginé que las balas eran ahora del tamaño de una ameba subalimentada. El camino se internaba bruscamente detrás de una arboleda de secuoyas, y ya no vi más a Lee Mellon, que se llevó las últimas cinco balas que teníamos en el mundo.
Y como no tenía nada mejor que hacer, ni ningún otro lugar adonde ir, me quedé sentado sobre una roca, junto a la carretera, esperando el regreso de Lee Mellon. Tenía un libro, algo sobre el alma. El libro decía que todo iba bien si no te morías mientras leías ese libro, si en tus dedos seguía habiendo vida mientras girabas las páginas. Lo leía como si fuera una novela de misterio.
Llegaron dos coches. En uno de ellos iban varios jóvenes. La chica era atractiva. Imaginé que habían salido de Monterrey al alba tras tomarse un inmenso desayuno en la estación de autobuses Greyhound. Pero eso no tenía mucho sentido.
¿Por qué iban a querer desayunar en la estación de autobuses Greyhound? Cuanto más lo pensaba, más inverosímil parecía. En Monterrey hay otros lugares donde desayunar. Y quizás algunos mejores. El hecho de que yo hubiera desayunado una mañana en la estación de autobuses Greyhound de Monterrey no significaba necesariamente que todo el mundo tuviera que comer allí.
El segundo coche era un Rolls Royce conducido por un chófer, y una anciana iba en el asiento de atrás. Parecía empapada de pieles y diamantes, como si la riqueza hubiera sido un repentino chaparrón de primavera que la hubiera cubierto con todas esas cosas en lugar de lluvia.
Era una mujer con suerte. "



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