El hombre de las marionetas (fragmento)Jostein Gaarder

El hombre de las marionetas (fragmento)

"No han regido reglas estrictas para ello, porque yo también he podido responder a las ideas de Pelle mediante susurros o breves llamadas en voz muy alta, también cuando hemos estado fuera del alcance físico el uno del otro. Mientras paseaba por Oslo o iba en un autobús o tren, esto podía llamar la atención de la gente sin querer. En este sentido he notado, no obstante, un cambio social radical en el transcurso de los últimos años, a mi favor. Desde que sacaron esos teléfonos móviles con pequeños micrófonos que se sujetan en la solapa o las pecheras de las camisas, mi conducta resulta menos llamativa. Antes había gente que pensaba que padecía el síndrome de Tourette, pero hoy en día no soy el único que va por las calles de la ciudad, o por un sendero del bosque, tosiendo comentarios a todo dios. No resulta fácil saber si estoy hablando con Pelle o si hablo por el móvil con mi cónyuge. En ambos casos se trata de una comunicación inalámbrica. Inalámbrica y sin embargo intacta.
Esto no significa que hayamos dejado de hablarnos de un modo normal, es decir, con la voz. Pelle suele estar colocado en mi brazo cuando charlamos, y, cuando no lo está, hoy en día solo muy rara vez consigue llevar a cabo un intercambio de opiniones de verdad. Cuando no nos encontramos en la misma habitación, y él no está colocado en mi brazo, suele tratarse solo de comentarios y llamadas breves, o simplemente que intenta subirse a mi brazo.
Cuando viajo, me llevo a menudo a Pelle, no solo por él, sino también para tener a alguien con quien hablar. Los días pueden hacerse largos, y yo no soy el típico telespectador, pero sí me gusta estar en una habitación de hotel con Pelle en el brazo. Los dos podemos ser inagotables discutiendo ciertos temas, y todavía siento a veces gran curiosidad por saber qué piensa Pelle de esto o aquello. Durante los desayunos en los hoteles, por ejemplo, veo a menudo a matrimonios que están en silencio, tal vez porque ya no tienen nada de qué hablar. Me dan mucha pena.
Además, he adjudicado cierto papel a Pelle cuando doy conferencias en el oeste del país. Allí no solo pronuncio mi discurso, sino que dialogo con Pelle, por ejemplo sobre minuciosos detalles relacionados con viejos mitos y préstamos indoeuropeos. Estoy convencido de que eso es parte del secreto de mi reputación como comunicador y conferenciante. «El dúo Jacobsen y Skrindo tomó por asalto al público...».
También he intentado llevarme a Pelle a clase, por ejemplo como recurso pedagógico en el repaso de la gramática del nynorsk, aunque no siempre ha sido un éxito. Durante algunos años tuve que aceptar que ciertos alumnos me llamaran Pelle, si no a la cara, al menos a mis espaldas. En una ocasión se mencionó algo al respecto en la sala de profesores. Un colega me preguntó por qué los alumnos me llamaban Pelle. Era ese mismo colega que había estudiado Física con tu hermana.
Cuando, con la asistencia de un tutor legal, vendí la granja y me mudé a Oslo, mi padre vivía en otro valle en dirección sureste. Dejó una pareja, o al menos una mujer con la que compartía casa. Creo que se llamaba Solveig; sin embargo, no tenían hijos en común. Como heredero único recibí por tanto una buena suma de dinero; tan grande era que me pregunté de qué vivía mi padre. "



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