La efemérides (fragmento)Ramón J. Sender

La efemérides (fragmento)

"Todo lo que la asamblea victoriosa puede hacer es transmitir a la gente una «voluntad de fe» en una realidad cuya objetividad sigue siendo dudosa mientras el camino para subir siga siendo el mismo que para bajar y sólo pueda vivir lo que no ha muerto (o al revés, morir lo que ha vivido) y mientras sigamos ignorando las circunstancias a las que me refería, sobre todo el inalcanzable qué.
Entre tanto que baile el que no pueda o no quiera hacer otra cosa.
Todo lo que puede hacer la asamblea es estimular en esta hora victoriosa esa «volición por complacencia» que rige nuestra vida y que depende de esa fuente milagrosa que llamamos libertad y que no sabemos dónde está. Sólo existe en nuestra infantil necesidad de la utopía, pero con ella podemos escapar a la amenaza del doloroso caos. Con esto no quiero decir que esa gente que baila representa el caos.
No. Tienen cada cual su reloj.
Y a falta del reloj de rinconera de nuestros abuelos y de bolsillo o de pulsera tienen el del corazón —que se adelanta con tanto fandanguear— y otro inorgánico que suele atrasarse las noches oscuras en las que titila Sirio.
El qué, ése es por ahora y todavía el gran problema de cada uno de nosotros.
Esta era en cierto modo mi tesis —planteada de un modo más académico, claro—*y como se puede suponer poco podría aportar la hermosa Eva o la atrevida Lola a las tareas de la asamblea. Ninguna de las dos piensa con el cerebro, y por otra parte Eva está incapacitada físicamente por su sordera para entenderse y tratar de hacerse oír sin estar en el programa, y sin saber cuál era la tónica de las discusiones sería también inútil. Se resignó cuando supo que el nombre de Aurelio estaba en el orden del día. Parece que aquella gente de la plaza iba a la asamblea, hacía su intervención, oía las mociones y volvía a la efemérides. "



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