El esoterismo de Bécquer (fragmento)Manuel García Viñó

El esoterismo de Bécquer (fragmento)

"Es indudable que, para Bécquer, como para Hegel, la obra de arte es la manifestación sensible de un espíritu individual: idea materializada, como afirma hablando del templo toledano de San Juan de los Reyes. En cuanto a la creación estética, es para él, como dice el citado Berenguer Carisomo, «más un impulso transconsciente de fuerzas ingobernables, colocadas por encima de la voluntad del artista, que el propio deseo creador de éste». Aunque el artista no existiera, el arte existiría. Lo afirma claramente en la rima IV:
Podrá no haber poetas; pero siempre habrá poesía.
Por vía simbólica, nos sugiere Bécquer esta misma idea en dos leyendas: Maese Pérez el organista y el Miserere. En la primera, a través del hecho de que, aun desaparecido el organista, el espíritu del arte sigue impulsando las teclas, que emiten «cantos celestes como los que acarician los oídos en los momentos de éxtasis; cantos que percibe el espíritu y -aquí el tema de que hablaremos después- no puede repetir el labio». Nadie toca sus registros y, sin embargo, «el órgano seguía sonando..., sonando como sólo los arcángeles podrían imitarlo en sus raptos de místico alborozo» (158).
Espíritus venidos del más allá también, continúan entonando el miserere ideal, el Miserere de la montaña, cuando el músico peregrino ha perdido el sentido y no puede ya escucharlo. Por eso, mientras él, después, escribe al dictado de aquellos cánticos externos, su arte es realizable; pero en cuanto ese contagio sobrenatural desaparece, ya le es imposible continuar escribiendo. "



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