El barco de la muerte (fragmento)Juan Antonio de Zunzunegui

El barco de la muerte (fragmento)

"Subía la voz del salmo empapando de religiosas resonancias la mañana.
Se abrían tímidamente algunas ventanas. Los transeúntes se detenían y llevaban la mano a la gorra. Se persignaban las mujeres.
En los entreveros del cántico, las pisadas del acompañamiento sonaban como paletadas de tierra.
De vuelta al camposanto, Martínez se sentó en la tienda y estuvo un rato pensando en su plan de operaciones. Se encontraba un tanto cansado de las emociones que le trajera el primer cliente.
«Uno se hace a todo... –se dijo–, y luego será coser y cantar».
Eran las doce y la calle de Enmedio alcanzaba su plena sazón.
Una narria tirada por un buey paró en aquel instante en la tienda de ultramarinos de enfrente, descargando tres cajas de jabón y un lío de alpargatas de Azcoitia. Más abajo, casi en la esquina del cantón de la iglesia, Celso estaba en mangas de camisa a la puerta de su tienda. Aun en los días más fríos del invierno se asomaba así a curiosear la gente que pasaba. Solía tener entre manos una revista infantil, de las que era infatigable lector, y cuando veía algún conocido le paraba para contarle el chiste que le hiciera más gracia. "



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