Los niños (fragmento)Edith Wharton

Los niños (fragmento)

"Llegado este punto, Joyce lo sorprendió abundando en sus palabras. Le aseguró que nunca era ella quien quería el cambio. ¿No había sido ella la que había vuelto con Cliffe por su propio pie y había vuelto a intentarlo sinceramente... sólo por el bien de los niños? ¿Y cuál había sido el resultado? Sencillamente el de verse obligados a presenciar, con ojos más claros ahora que habían crecido, las mismas peleas y los mismos escándalos (porque Cliffe era escandaloso) que habían marcado su infancia. ¿De veras recomendaba Boyne la renovación de esas condiciones como «elemento vital» para el bienestar de los pobres niños? Sería el experimento más desastroso que podría hacerse con ellos. Mientras que, si se limitaban a manifestar su voluntad de quedarse con Joyce, y sólo con ella, Cliffe no tardaría en recobrar el juicio... Cliffe, al menos hasta que otra mujer lo cazase no sabría qué hacer con los niños y tendría que dar las gracias porque éstos estuvieran en buenas manos. ¿Había tenido Boyne en cuenta la gran ayuda que podía significar para Terry tener a Gerald siempre a su lado, no como preceptor a sueldo, sino mucho mejor, como amigo, compañero y tutor... todo lo que su propio padre no había logrado ser? No sabía Boyne cuánto cariño le había tomado Terry a Gerald. Y Gerald adoraba al muchacho. Tal consideración, a decir de Joyce, había pesado no poco a la hora de decidir su ruptura con Wheater.
Joyce era mucho más flexible que su marido y, paradójicamente, al parecer, también más dura de roer. Arrasó todos los argumentos de Boyne con un torrente de verborrea sentimental; tenía la inmensa ventaja sobre Wheater de creer que los niños se sentirían completamente felices con ella, mientras que Cliffe sólo creía en su derecho a la custodia, sin pararse a pensar si eso les hacía felices o no. "



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