Diario (fragmento)Alice James

Diario (fragmento)

"Me recuerdo constantemente a un insecto del coral construyendo mis diversos arrecifes de teoría con microscópicas adiciones extraídas de la observación, o de mi conciencia interior, mayoritariamente. El que mejor resiste y más constantemente se refuerza, y contra el cual se levantan menos de esas pequeñas y lamentables banalidades demoledoras –a las que uno debe, en conciencia, siempre cerrar los ojos– es que esta gente tan excelente no puede hacer daño a lo que ignora; no saben aprender las cosas en el aire, y percibiendo una de tus superficies no pueden ni reconstruirte ni adivinar la naturaleza de las demás. No sé si esto cristalizó en mi interior mientras era transportada desde el remolque en Liverpool, con los brazos alrededor del cuello de dos chicos del mar algo faltos de jabón, única ocasión en que puede decirse que he estado en “el mundo”, o no, pero desde los primeros días tengo la fuerte impresión de que no tienen “naturalezas intuitivas”, como dijo de su esposa el hombre que regentaba la casa donde nos alojamos en Princeton un verano –cómo reía Padre al contarlo–. Las intuiciones de la señora, por cierto, consistían en arrullar con memeces a las flores que había bajo nuestra ventana al amanecer, con el pelo largo de color paja y totalmente liso suelto sobre los hombros. Al británico se le puede perdonar con facilidad su incapacidad para semejantes sutilezas. He aquí una ilustración o dos: después que la señora Lathbury llevaba un año viniendo a verme con la actitud más afectuosa y amable, me hizo preguntas sobre cómo vivíamos en nuestro país y le dije que allí yo tendría casa propia o viviría en una casa de huéspedes; que era como en Europa continental, no existiendo estas excelentes posibilidades de alojamiento. Me pidió que le explicara cuál era el carácter de las casas de huéspedes, lo cual hice lo mejor que pude; y entonces preguntó: “¿Y tendría usted habitación propia?”. Pues bien, ella no me ha visto nunca a la hora de acostarme y por tanto no tenía ninguna certeza en cuanto a mi conocimiento o preferencia por las normas comunes de decoro cuando sus ojos no me tenían delante, y nada había atisbado durante nuestras muy frecuentes y gratas entrevistas que hubiera hecho su pregunta superflua e indicara que mis costumbres son en general refinadas. "


El Poder de la Palabra
epdlp.com