Dónde estabas, Adán? (fragmento)Heinrich Böll

Dónde estabas, Adán? (fragmento)

"El sargento mayor era muy benévolo con Feinhals desde que éste había regresado de Szokarhely, era benévolo con todos y al mismo tiempo estaba nervioso desde que le habían encargado que organizara un punto de concentración de enfermos. Al sargento mayor le preocupaban cosas que Feinhals no podía saber. Hacía unas semanas que en este ejército había sucedido algo que Feinhals no podía controlar y cuyas consecuencias no podía apreciar. Pero el sargento mayor vivía de estas cosas, sólo gracias a ellas, y el hecho de que ya no funcionaran le preocupaba mucho. Antes la posibilidad de un traslado o de unas disposiciones de mando poco favorables habían sido relativamente improbables, las órdenes se evitaban todas antes de que llegaran a la tropas; La autoridad que creaba la orden era la primera en sustraerse a ella, y conversaciones confidenciales daban a las unidades a las que se iba transmitiendo el conocimiento de la posibilidad de sustraerse a ella..., y mientras las órdenes y las leyes se hacían cada vez más amenazadoras y se formulaban de una manera cada vez más sombría se hacía mucho más fácil pasarlas por alto, en realidad quien no quería usarlas para deshacerse de gente que gozara de pocas simpatías no se atenía a ellas. En casos extremos un reconocimiento médico o una conversación telefónica..., y todo seguía su curso. Pero esas cosas habían cambiado: las conversaciones telefónicas ya no servían de nada porque las personas con las que uno estaba acostumbrado a hablar ya no existían o estaban en alguna parte en la que no era posible encontrarlas..., y aquellos con los que ahora uno hablaba por teléfono no lo conocían y no tenían ningún interés en ayudarle a uno porque sabían que tampoco a ellos se les podía ayudar. Los hilos estaban embrollados o llenos de nudos y lo único que uno podía hacer era salvar día a día el propio pellejo. Hasta entonces la guerra se había desarrollado por teléfono, pero ahora era la guerra quien empezaba a dominar el teléfono. Las atribuciones, los nombres falsos, los superiores cambiaban cada día y podía suceder que uno estuviera destinado a una división que al día siguiente constara sólo de un general, tres oficiales del estado mayor y unos pocos escribientes...
Cuando llegaron abajo el sargento mayor soltó el brazo de Feinhals y abrió la puerta él mismo. Otten estaba fumando sentado a la mesa. La mesa a la que estaba sentado tenía una clara marca negra de fuego causada por un cigarrillo. Otten estaba leyendo un periódico. "



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