Una casa en alquiler (fragmento)Charles Dickens

Una casa en alquiler (fragmento)

"En una de sus malas épocas, la casa cayó en manos de un hombre de circo. Figuraba en calidad de arrendatario en los correspondientes registros parroquiales y, por tanto, no fue necesario indagar mucho para averiguar su nombre. Por el contrario, seguirle la pista no fue tan sencillo, pues, debido a la vida itinerante que llevaba, las gentes sedentarias lo habían perdido de vista y las que presumían de respetables se avergonzaban de reconocer que alguna vez hubieron sabido algo de él. Por último, entre los fangales que desde las orillas del río se extienden por los aledaños de Deptford y las huertas vecinas, se halló a un personaje canoso, vestido de pana, con la cara tan curtida por la vida a la intemperie que parecía un tatuaje, estaba fumando en pipa a la puerta de una casa de madera sobre ruedas. La casa, en la desembocadura de un arroyo lodoso, pasaba allí el invierno, y todo lo que la rodeaba —el neblinoso río, los brumosos fangales y las vaporosas huertas —echaba humo también, en compañía del hombre canoso. En medio de la reunión de ahumadores, no se quedaba atrás el humero de la chimenea de la casa de madera sobre ruedas, pues enristraba su pipa con camaradería, como todo lo de alrededor.
Cuando le preguntaron si era él quien en una ocasión había arrendado la casa de alquiler, el hombre canoso vestido de pana puso cara de asombro y respondió que sí. Y que si se apellidaba Magsman. Que sí, que se llamaba Toby Magsman..., de Robert, pero Toby desde pequeño. Y que no lo buscarían por nada malo, ¿verdad? Y que si era sospechoso de algo... ¡que se lo dijeran inmediatamente!
Que no era nada de eso, que se tranquilizase. Solamente estaban indagando algunos datos sobre la casa y que si no le importaría contar por qué la había dejado.
Que no, en absoluto, ¿Por qué iba a importarle? Que la había dejado por lo del enano.
¿Qué por lo del enano?
Que por lo del enano, recalcó el señor Magsman con énfasis.
Que si sería compatible, según las inclinaciones y conveniencias del señor Magsman, hacer el favor de aclarar algunos detalles.
El señor Magsman aclaró lo que sigue a continuación.
Para empezar, fue hace mucho tiempo, antes de que quitasen las loterías y tantas cosas más. El señor Magsman andaba buscando un buen sitio donde acampar y, al ver la casa, se dijo: “Serás mía, si de alguien puedes ser. Si tienes un precio, mía serás”.
Los vecinos lo criticaban y protestaban, pero el señor Magsman no sabía cómo complacerlos. Era una cosa deliciosa. En primer lugar, el cartel que anunciaba a un gigante con calzón español y gorguera (el propio gigante levantaba hasta la mitad de la casa), que izamos con cuerda y polea hasta un poste del tejado, es decir, que la mollera le llegaba al parapeto mismo. Después, el cartel de la mujer albina exhibiendo su blanca cabellera ante el ejército y la marina correctamente uniformados. Luego, el cartel que anunciaba a un indio salvaje arrancando la cabellera a un individuo extranjero. Después, el hijo de un colono británico preso de dos boas constrictor (aunque no tuvimos nunca ni hijos ni boas constrictor). Además, el de un asno silvestre de las praderas, aunque tampoco tuvimos nosotros nunca asnos silvestres, ni los habríamos querido ni regalados. Por último, el cartel que anunciaba al enano, en el que salía igualmente (salvando las distancias) el rey Jorge IV, en un estado de pasmo tal que ni Su Majestad, con su máxima cortesía y firmeza, era capaz de expresar. La fachada de la casa quedó tapada con los carteles a tal punto que en las habitaciones de ese lado nunca entraba ni un resquicio de luz. "



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