La araña negra (fragmento)Vicente Blasco Ibáñez

La araña negra (fragmento)

"En uno de sus paseos al pasar junto a la puerta que creía entornada se fijó en ella. También notó como en las rejas gran lujo de precauciones. Vaya una puerta sólida. Los tableros estaban tan ajustados que no dejaban la menor rendija y toda ella parecía hecha de una sola pieza. En el centro tenía un ventanillo cerrado.
El conde al pasar la golpeó distraídamente con el pie como para apreciar su robustez, y la puerta no se movió.
Baselga hizo un gesto de inmensa extrañeza. ¿Qué era aquello? ¿Acaso estaba la puerta cerrada? ¿Era él un preso?
Esta consideración sublevó al conde, quien, para convencerse de si la puerta estaba cerrada, dejó caer sobre ella sus robustos puños. Se conmovió la recia madera produciendo un sonido sordo, pero la puerta no se movió.
Ya no podía dudar el conde. Estaba encerrado, prisionero en aquella destartalada habitación tan inaccesible a la fuga como un calabozo. Las rejas le impedían el saltar al jardín.
Apoderóse de Baselga una terrible indignación al verse tratado de un modo tan inicuo. ¿Por qué le recibían de tal modo? ¿Dónde estaba aquel O'Conell, que no llegaba nunca?
De repente cruzó por la imaginación del conde una absurda idea, propia de su continua preocupación. Sin duda el gobierno inglés conocía su plan, temía al audaz patriota y se atrevía a secuestrarlo casi a las puertas de Madrid. Esta presunción fatua y loca consolaba al conde y le daba cierto valor para sobrellevar tan extraña aventura; pero a pesar de esto seguía golpeando con sus vigorosos puños la fuerte puerta sin lograr que hiciera el menor movimiento. "



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