Los cuatro holandeses (fragmento), de Tras una noche de espantoWilliam Somerset Maugham

Los cuatro holandeses (fragmento), de Tras una noche de espanto

"Empezaba ya a hacer calor y decidí subir a mi habitación, pero tenía el corazón oprimido.
Por las referencias se deducía que en uno de los viajes el capitán había llevado consigo a una muchacha malaya con la cual había tenido relaciones, y me pregunté si sería la misma a quien parecía tan ansioso de ver cuando yo estaba a bordo. Por lo visto, los otros tres se opusieron a que la muchacha embarcara, diciendo que no veían la utilidad de llevar a una mujer a bordo. Pero el capitán insistió y finalmente la embarcó a pesar de todo. Creo sinceramente que los demás se mostraban algo celosos.
En aquel viaje ya no se divirtieron como de costumbre. Cuando querían jugar al bridge, no podían convencer al capitán para que saliera de su camarote. Cuando llegaban a algún puerto y bajaban a tierra como solían hacer siempre, al capitán le parecía que el tiempo transcurría con demasiada lentitud, pues deseaba reunirse con la muchacha malaya. En consecuencia, quedaron truncadas todas sus juergas.
El primer oficial era el que se oponía más encarnizadamente. Era el amigo más íntimo del capitán. Habían sido inseparables camaradas a bordo desde que llegaron de Holanda. En varias ocasiones le había censurado su conducta. Sus relaciones comenzaron gradualmente a enfriarse, llegando a saludarse únicamente cuando su deber los obligaba a ello, la camaradería que había existido entre los cuatro hombres gordos concluyó al fin. Las cosas iban de mal en peor. Los subordinados tenían el presentimiento de que algo anormal sucedería. Había inquietud y tensión.
De pronto, una noche todos fueron despertados por un disparo de arma de fuego, a la vez que se oía gritar a la muchacha.
El sobrecargo y el primer maquinista saltaron de sus literas y encontraron al capitán con un revólver en la mano en la puerta del camarote del primer oficial. El capitán, sin decir una palabra, subió a cubierta.
Entraron en el camarote y vieron al primer oficial tendido en el suelo y muerto, y a la muchacha acurrucada tras la puerta. El capitán los había sorprendido juntos y había matado al oficial.
La forma en que descubrió lo que venía sospechando aparecía rodeado de misterio. Se preguntaban si habría sido el primer oficial el que había inducido a la muchacha a ir a su camarote, o si ella, conociendo su genio vivo, se habría ofrecido a ser su amante con el deseo de aplacarlo.
Era un misterio que parecía no poderse aclarar nunca. Por mi mente cruzaron docenas de posibles soluciones al enigma. "



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