Revolución (fragmento)Horacio Vázquez-Rial

Revolución (fragmento)

"Mirjana era croata, como el mariscal Josip Broz: había nacido en un pueblo de las inmediaciones de Zagreb en 1927, de modo que, para cuando llegó la guerra, tenía trece o catorce años. Por esas fechas, finales de los treinta, principios de los cuarenta, ella ya vivía en la ciudad, ciudad cuyo nombre yo había asociado únicamente, hasta hacía poco, a una célebre orquesta de cámara: hasta hacía poco quiere decir hasta mi entrada en la juventud comunista, donde tanto aprendí. En el momento en que conocí a Mirjana, hacía poco que había iniciado mi relación con el comunismo, de tan largas consecuencias para mí, porque sin ella nada, absolutamente nada de lo que sucedió a lo largo de mi trayectoria personal hubiese sucedido de la forma en que sucedió, sino de otra, cualquiera, no sé cuál, pero otra.
Porque la historia no ocurre de la misma manera para todos, y no lo digo porque haya, como hay, víctimas y verdugos, vencedores y vencidos, y toda una larga lista de pares contradictorios, a una de cuyas mitades acaba uno adscripto a pesar suyo, o con el propio beneplácito, según lo que salga a la hora de hacer balance, y permíteme señalar que, por mal que suene a los oídos de esa izquierda reaccionaria, sí, resueltamente reaccionaria, ni tan siquiera populista, aunque sea ése el ropaje más frecuente, por mal que suene a los oídos de esa izquierda, que ha dominado en la mayor parte, si no del pensamiento en su conjunto, sí del pensamiento impreso, o del papel impreso, o del fárrago de consignas tan huecas como peligrosas, desde esa íntegra tontería de la imaginación al poder hasta el reconocimiento sádico de patria o muerte, socialismo o muerte, revolución o muerte, que es una de las señas de identidad de la segunda mitad del siglo XX, por mal que ello suene a los oídos de esa izquierda reaccionaria, decía, lo cierto es que esos pares contradictorios a los que me refería no poseen en cada escalón un sentido constante, o sea que, y por no salirme de los ejemplos que yo mismo he propuesto, víctima y vencido no tienen por qué ser categorías indeclinablemente ligadas, aunque nos hayamos habituado a ligarlas hasta el punto del reflejo imbécil, hasta el punto del movimiento intelectual incontrolado y hasta del movimiento físico incontrolado, hacia arriba y hacia abajo, el movimiento afirmativo, y afirmativo con todo el cuerpo, de los autistas, un movimiento afirmativo que no afirma nada, nos hemos habituado a pensar las dos categorías, víctima y vencido, juntas, y a comunicarlas juntas, por obra de una convención limitadora, constrictiva, la única que nos garantiza una identidad pública progresista, según el canon aceptado al respecto. Pues bien: yo he aprendido que se puede ser, por no salirnos del ejemplo, simultáneamente víctima y vencedor, verdugo y vencido, víctima y verdugo, vencido y vencedor. La historia no ocurre para todos de la misma forma, que a eso iba, y de ello resulta que un verdugo comunista no es igual a un verdugo nazi, ni a un verdugo católico, ni a un verdugo islámico, y en cada uno de los casos, por afinar apenas un poco más, sólo un poco más, porque se podría llegar mucho más lejos, en cada uno de los casos, están los matices que impone una opción sexual, según el verdugo sea, amén de comunista o nazi o católico o islámico, hétero u homo, paidófilo o violador con licencia, asesino nato o funcionario de la solución final como asunto de fe, o de la revolución socialista mundial como asunto de fe, o inquisidor o terrorista de la guerra de Alá. Si quieres seguir, sigue: considera en idénticos términos, por ejemplo, los matices debidos a un acomodo en lo social, según el verdugo, después de ejercer como tal, regrese a un hogar con mujer, con hijos, sin hijos, con madre posesiva, etcétera, etcétera. Ningún verdugo es igual a otro verdugo. Franz Fanon, a quien tal vez tú recuerdes como autor de una de las piezas cumbres de la izquierda reaccionaria, un libro para el que Sartre, en uno de sus alardes populistas, escribió un prólogo, prólogo que apareció en las primeras ediciones pero que después, ya muerto Fanon, y a causa de unas declaraciones del filósofo estrábico de las que se deducía un cierto apoyo a Israel, fue separado, excluido, anatematizado, censurado, borrado de todas las ediciones posteriores por la familia del autor: tal vez tú recuerdes a Fanon por ese libro, que se llamaba Los condenados de la tierra y fue una suerte de devocionario para los que participaban, participábamos de la revolución socialista imaginaria mundial, y causó daños irreparables en las cabezas de incontables jóvenes de buena voluntad, indefensos ideológicamente, en todo este hermoso planeta nuestro, en el que millones de hombres, hoy mismo, están sin comer porque, a todas las injusticias acumuladas a lo largo de miles de años, se ha sumado la oposición de los ecologistas a los alimentos transgénicos: tal vez tú recuerdes a Franz Fanon por ese libro, o por su activísima militancia, clandestina y célebre, célebre por su clandestinidad, en el proceso de independencia, no de descolonización, sino de independencia, de Argelia, y tal vez recuerdes, aunque esto ya es más improbable, que Fanon era psiquiatra. "



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