El abrecartas (fragmento)Vicente Molina Foix

El abrecartas (fragmento)

"Un día vino Manuela de visita y mientras un buen compañero de prisión, Juan Manuel Caneja, el pintor, la dibujaba a lápiz en la tapadera de una caja de magdalenas, me entró un gran picor; me aparté para que ella no me viera rascándome la cabeza como un poseso, pero creo que desde entonces he sentido intrínsecamente la amenaza de las chinches y los piojos. El miedo a pegárselos si teníamos un poco de vida en común allí en Cuelgamuros no se me fue nunca de la cabeza, y perdona el chascarrillo. La idea de una Manuela, con su hermoso pelo negro, pelado al rape por mi culpa, por culpa de mis piojos... No quería ni pensarlo.
Ahora mismo, mientras te escribo, me he llevado los dedos a la frente una vez más. ¿Me seguirán rondando los muy cochinos?
Por último. Tuve una juventud («mis universidades», que decía Gorki) muy combativa dialécticamente, en la guerra serví primero a la Buena Causa del arte y después peleé de veras, a finales del año 40 pude volver a dar clases, pero no universitarias sino de enseñanza secundaria, y continué investigando la pintura del genial sordo de Fuendetodos, quien por cierto también sabía mucho de picores fuera y dentro de su cabeza. El brutal cambio de vida del 47 no sólo me quitó por unos cuantos años a Goya, y a Manuela para siempre, sino que marcó, creo, el porvenir de mis desilusiones. "



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