Las dos amigas y el envenenamiento (fragmento)Alfred Döblin

Las dos amigas y el envenenamiento (fragmento)

"La lúcida y prosaica Elli conoció en esas semanas extraños y fantásticos arrebatos románticos con su amiga. Era algo parecido, aunque cien veces amplificado, a lo que durante dos semanas la había unido a Link: un estado de ensueño, ahora semejante a la embriaguez. Se produjo un desplazamiento de todas sus perspectivas anímicas; su timbre interior cambió. Era el efecto de las dos fuerzas fascinantes que operaban en ella: el odio irreprimible contra Link, ese pensamiento que ella quería alejar de sí, y la pasión amorosa por su amiga. Sobre todo esa pasión empujó a Elli al heroísmo, la espoleó a actuar viril y heroicamente; tenía presente en todo momento la promesa hecha: «Te demostraré mi amor». Estos dos sentimientos juntos, robustecidos en exceso, derramaron en su alma una fascinación que la sojuzgó y de la que ya no pudo escapar. A menudo se hallaba en un profundo estado de arrobamiento, y entonces descubría que sólo vivía para la señora Bende: «Cueste lo que cueste, sólo vale la pena ser feliz y consumirse en el amor». Refutó las palabras de Grete cuando ésta dijo que se sentía culpable: «No, yo no te culpo de nada». Y, a renglón seguido, la misma cantinela: «Quiero vengarme, nada más». ¿De quién quería vengarse? ¿A quién quería castigar? ¿Por qué este impulso tomaba formas tan fantásticas? Ya no era esa persona en particular, el Link real, a quien atacaba.
Primero, la esfera de odio que él había creado en ella puso en movimiento las fuerzas más poderosas de su alma; después, algo se extendió espontáneamente y creció en busca de objetos. A esta esfera de odio, este poder extraño, incrustado en ella a fuerza de golpes, se oponían su sensibilidad y sus propias convicciones. Antes vivía en un equilibrio interior al que había llegado no sin dificultad. Con el odio lo había perdido. Se había perturbado el juego sutil de las fuerzas estáticas; el mecanismo intentaba ajustarse, reclamaba volver al antiguo estado de seguridad. Elli debía desprenderse del nuevo sobrepeso y aspirar a un reparto equilibrado de las fuerzas interiores. Tanto más aspiraba a ese equilibrio cuanto que esta esfera de odio le parecía esencialmente extraña, mala, peligrosa, inquietante, como si quisiera destruir su pureza interior, su libertad, su virginidad. Pues, en cierto sentido, Elli había sido y se había conservado siempre virgen. Estaba inmersa en un proceso de purificación; las masas purulentas se acumulaban alrededor de un foco infeccioso. Ya había germinado en ella imperceptiblemente la voluntad de actuar. Esta voluntad necesitaba la fascinación, el estado de somnolencia. Necesitaba crearse este clima. Y Elli, tanto tiempo sin guía, se dejó llevar, incluso se arrojó a él. Para ella fue un éxtasis, un sueño en el que se refugió. "



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