Un paraíso inalcanzable (fragmento)John Mortimer

Un paraíso inalcanzable (fragmento)

"Antes de que Fred pudiera exigir una explicación, vio que Terry Fawcett, clarinetista de los Stompers, se abría paso hacia ellos. Por lo visto irían todos en el viejo, sucio y destartalado Zephyr Zodiac de Terry. Pararon en un pub grande y melancólico próximo a la estación de Hartscombe para recoger a Den Kitson y tomaron un sorprendente número de chupitos que acabó pagando Fred. Nadie parecía dispuesto a decirle si aquella iba a ser una noche de copas o de música; no volvió a mencionarse la sangre y cuando salieron del último pub, el Badger de Skurfield, a Fred ya le daba absolutamente igual. Den y él ocuparon el asiento trasero del Zephyr mientras Tom Nowt se sentaba delante con Terry, que empezó a conducir por caminos estrechos de setos sin podar cuyas ramas azotaban los costados del viejo vehículo.
[...]
Las oscuras siluetas de los árboles y una curva que se enderezaba en el camino indicaron a Fred, familiarizado con aquel paisaje desde siempre, que se dirigían a Mandragola. Era una granja en ruinas ubicada en lo alto de un valle aislado y oculto, una extensión alargada de bosque, campos y pastos que los Strove, propietarios de la tierra, nunca habían cultivado, por lo que allí abundaban las mariposas, las cáscaras, las flores silvestres y las fresas diminutas, así como maleza, zarzas, madrigueras y espinos. Fred distinguió enseguida los muros de la granja y unas casitas de ventanas rotas y tejados caídos que Doughty nunca había encontrado el dinero para reparar, y luego el coche se desvió para avanzar a trompicones por una pista forestal. Oyeron el ulular de los búhos y vieron ardillas correteando por el camino.
Terry detuvo el coche y apagó las luces en el extremo del bosque, junto a un campo abandonado. Tom indicó que dejaran de cantar. Permanecieron largo rato sentados en un silencio del todo incomprensible para Fred, hasta que se oyó un crujido lejano. Tom asintió con la cabeza y salió del coche con Den. Cuando regresaron de una silenciosa visita al maletero, llevaban rifles. Se sentaron con los cañones apuntando fuera de las ventanas, lo que dio al vehículo el aspecto de un viejo buque de guerra; Terry arrancó y el coche empezó a avanzar despacio por la pista. Las luces seguían apagadas y la oscuridad del bosque parecía espesarse como niebla. "



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