Tú, mío (fragmento)Erri De Luca

Tú, mío (fragmento)

"Daniele cantaba una canción suya que los otros ya conocían, uniendo en coro sus voces en el logrado pasaje del estribillo. Caia estaba cerca de un chico al que no había visto antes. Acabado el vino, me desvestí y entré en el agua inmóvil. Me movía despacio para no alterar el mar, a cada golpe de piernas me deslizaba rápido, sin resistencia. Tenía ganas de nadar mar adentro. Con los ojos abiertos bajo el agua vi un resplandor. Cuando comprendí qué era ya estaba en medio: un banco de medusas. Sentí que me quemaban las manos, me di vuelta al instante y empecé a nadar tan rápido como pude. Conseguí salir, lleno de quemaduras. Los otros estaban en el agua, advertí a Daniele de las medusas, venían hacia la playa. En la orilla, me palpé la piel, estaba como después de una zambullida entre las ortigas, encendida por doquier, salvo la cara. Me sequé antes de vestirme, las ropas me pesaban.
Entretanto el resplandor se había aproximado a la orilla y todos regresaron. Caia sujetaba a un chico de la mano. Al verme se acercó para decirme: «No me juzgues, soy una chica y estamos en verano», en voz baja, inclinándose sobre mí. Desde luego que no te juzgo, Hàiele, estoy de tu parte, soy tu telón de fondo, la falsa escena dibujada a tus espaldas, soy tu peor bailarín, tu guardián. De todo aquello que me pasaba por la cabeza en respuesta a su frase, sólo me salió un: «No cojas frío, Hàiele», que pudiera oír sólo ella, mientras le ofrecía mi toalla. Ella, por su parte, dijo, con un susurro de ternura: «Tú, mío», y volvió hacia el chico apretando mi toalla alrededor de sus hombros. Los míos eran un cilicio de alfileres, las estrellas, en lo alto, eran un banco de medusas y yo debía de tener fiebre para verlas así.
Volví a casa y me tumbé desnudo sobre la cama. Oí que Daniele regresaba a altas horas de la noche. Se asombró de que aún estuviera despierto. Encendió la luz y vio mis graciosas manchas rojas. «He caído justo en medio», dije. «¿Medusas? ¿Por qué no lo dijiste enseguida. Demonios, ¿Qué te has puesto?» «Nada.» Fue al baño, cogió una crema y probó su efecto sobre una parte. Estaba mejor. Me agradó su premura. "



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