Tres veces al amanecer (fragmento)Alessandro Baricco

Tres veces al amanecer (fragmento)

"El hombre se lo pensó un rato. Luego dijo que hay que ir con cuidado, cuando uno es joven, porque la luz en la que se habita de joven será la luz en la que se va a vivir para siempre, y esto por una razón que él nunca había entendido. Pero sabía que era así. Dijo que muchos, por ejemplo, son melancólicos de jóvenes y entonces lo que les ocurre es que siguen siéndolo para siempre. O han crecido en la penumbra y la penumbra los persigue luego durante toda su vida. De manera que hay que ir con cuidado con la maldad porque de joven parece un lujo que puede uno permitirse, pero la verdad es otra, y es que la maldad es una luz fría en la que todas las cosas pierden su color, y lo pierden para siempre. Dijo también que él, por ejemplo, había crecido en la violencia y en la tragedia, y tenía que admitir que por una serie de circunstancias ya no había podido nunca salir de aquella luz a pesar de que, en general, podía decir que había hecho las cosas bien, en el curso de su vida, con la única intención de colocar de nuevo las cosas en su sitio, y consiguiendo, en el fondo, hacerlo, pero innegablemente en una luz que nunca había conseguido ser distinta a la trágica y violenta, con escasos momentos de belleza, que por otra parte no iba a olvidar nunca. Luego vio que el ascensor bajaba desde el tercer piso a la planta baja y se dio cuenta de que algo en el rostro de la muchacha se había endurecido, algo muy parecido a un pequeño espasmo de miedo. De forma instintiva al hombre le entraron ganas de meterse en su cuartito, pero luego pensó que no podía dejar allí a la joven y entonces le dijo Rápido, venga conmigo, y ella extrañamente lo siguió y se dejó llevar hasta el cuartito del despacho donde el hombre le indicó con un gesto que se mantuviera callada, mientras buscaba por allí algo que no habría sabido decir qué era. Se oyó la puerta del ascensor al abrirse y la voz del muchacho gritando el nombre de la chica. El hombre esperó un momento, luego salió del cuartito y se fue hacia el mostrador. El muchacho iba en calzoncillos y camiseta. El hombre lo miró con toda la mansedumbre impersonal de la que fue capaz. "


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