Odile (fragmento)Raymond Queneau

Odile (fragmento)

"Pasé otra vez frente al hotel. A la tercera entré. Odile no estaba. No vi en la cara de la dueña ningún indicio de suspicacia: no era nada raro que estuviera fuera. Me fui. Eran cerca de las ocho. Por el bulevar caminaba gente en cantidad indefinida. Me senté en un banco, abrumado por mi impotencia; a mi alrededor la gente se agitaba en cantidad indefinida. Miraba aquellas caras como para distraerme. De vez en cuando pensaba vagamente en ese grave asunto de la adhesión al partido comunista y de la reunión que debía celebrarse aquella misma noche. Odile debía estar en el hospital, claro. En un café tan pequeño como el Marcel, dos o tres disparos de revólver debían haber sonado como cañonazos. Me silbaban los oídos. Sentí hambre. Entré en el primer restaurante que vi y comí hasta que no pude más. Tuve a bien beber un aguardiente. No me sentía con fuerzas para ir a la reunión del Boulevard Beaumarchais; me habría ido a casa pero temía que me estuviera esperando algún policía. No tenía nada que ver con aquel asesinato; esa idiota de Alice me había metido miedo.
Así pues, me fui al cinematógrafo a ver alguna película de risa. Hacia medianoche, pasé otra vez por el hotel de Odile; no supieron decirme nada muy concreto. Seguí mi camino y vi que el café Marcel seguía cerrado. Me compré un tubo de Gardenal en una farmacia de guardia. En mi hotel no me esperaba nada especial.
Al día siguiente me desperté hacia las once y telefoneé; esta vez, me respondieron con suspicacia. También mi hotelero hizo algunas alusiones al incidente de la víspera. Salí. En lo alto de las escalinatas de la Place de la Bourse se escuchaban los mismos ladridos de siempre. Compré Paris-Midi, Tesson había muerto. No decían nada de Odile. Un artículo exigía que se limpiara la capital y emitía juicios muy severos contra los bribones con debilidad por las pistolas. No decían nada de Odile. Louis Tesson había muerto en el hospital. ¿Pero cómo atreverme a aparecer en ese hospital? Pasé otra vez por el hotel de Odile y fui mal recibido. Por la noche leí en el periódico que habían detenido a S… el mecánico amigo mío del regimiento; estaban haciendo limpieza.
El segundo fue un día vacío, penoso, agobiante. Ya ni pensaba en los grandes problemas dialécticos e inconscientes, ni siquiera en buscar el modo de colmar mi soledad en la Place de la République, había olvidado a Saxel, Anglarés y compañía. Creo que aquel día incluso lloré. "



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