La mujer leopardo (fragmento)Alberto Moravia

La mujer leopardo (fragmento)

"A Lorenzo le pareció de improviso casi simpático Colli. Era simpático —pensó—, al modo un poco irritante, pero excepcional, de un hombre que no tiene dudas en un mundo que duda de todo. Pero ¿cómo lograba Colli ser así? Descartada la idea de la toscanidad, quedaba la del éxito, que a Colli, según opinión general, sonreía con mayor frecuencia que a muchos otros. Recordó de improviso, sin celos esa vez, que Colli, aun no siendo tal vez el amante de Nora, gozaba de sus favores y se dijo que en eso radicaba la explicación del misterio: simplemente, Colli era, por así decir, orgánicamente un hombre de éxito. No de éxito en su profesión de empresario, sino de éxito en todos los casos. Se las arreglaba para tener éxito siempre, ya fabricara una carretera en el Gabón, ya cortejase a la mujer de un colaborador de un periódico de su propiedad, ya, por último y más modestamente, lograra organizar el picnic de fin de año. Así, el riesgo de fracaso de cualquier gran empresa quedaba, en cierto modo, compensado por el éxito en una empresa mínima: lo que contaba no era la causa del éxito, sino el éxito mismo. ¿Que le salía mal la seducción de Nora? Entonces le iba bien la especulación de la bolsa. No iban bien las ventas de su periódico, pero, a fuerza de dinero, compraba los favores de una mujer graciosa y fácil, de la que se había prendado. Así Colli lograba cruzar el torrente violento e incierto de la vida, saltando de un éxito a otro y logrando siempre no mojarse los pies. Ahora la piedra en la que apoyaba el pie para el salto de costumbre era Nora. Le bastaba para sentirse, como él decía, ligero, agudo y alegre como un pájaro.
De esas reflexiones le entraron, casi instintivamente, deseos de desengañar a Colli. Al menos con él, el boss no podría disponer de la acostumbrada piedra para saltar el torrente de la vida. "



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