Muestras del diablo (fragmento)Pedro Gómez Valderrama

Muestras del diablo (fragmento)

"En 1714, como consecuencia de una disputa sobre provisión de cargos del arzobispado, la Real Audiencia, con su Presidente Meneses a la cabeza, fue excomulgada. El cabildo secular impuso su mediación hasta que la pelea fue transada. Según se desprende de la historia, Meneses no era hombre aconductado que pudiese imponerse a sus colegas Oidores. Tampoco eran éstos varones ejemplares. No tardaron en presentarse discrepancias hasta que, por fin, la mayoría de la Audiencia triunfó sobre su Presidente. La tertulia de los Oidores se celebraba en la Sala de Acuerdos. Un buen día Meneses, pensando que era peligroso que los archivos y resoluciones secretas estuviesen en una sala que abría todos los días, expuestos, a la viveza de rábulas y tinterillos, resolvió ordenar que sólo se abriese los días de acuerdo. Los Oidores se disgustaron y tuvieron que mudar de sitio de reunión. De hecho, con este evento quedó constituida la liga contra el Presidente. El Fiscal Manuel Zapata y los Oidores Mateo Yépez y Vicente Arámbulo trazaron el plan. Le acusaron de ebrio, adúltero y ladrón. Cosas en que cada uno de ellos era perito.
Meneses fue destituido y encarcelado. En Santa Fe se formaron bandos, pero el bando mayor era el de los Oidores. Fue vejado y ultrajado en la prisión y vendidos sus bienes —con buena participación de los juzgadores—. Cuenta Groot que el Fiscal llegó hasta apoderarse de la cama de Meneses.
Como final del escándalo persuadieron a algunos incautos de llevarle a Cartagena para consignarlo en Bocachica y traer de vuelta un buen cargamento de ropas que ellos dejarían pasar por la Aduana. Los enviados cometieron el error de mandar adelante las cargas y al llegar hallaron que los Oidores las habían abierto y decomisado como contrabando.
Con motivo de los rumores, denuncias y contradenuncias, el cabildo eclesiástico hubo de tomar una curiosa medida. Los mismos Oidores hicieron llegar al Cabildo la especie de que los clérigos conspiraban para libertar a Meneses. Y fue así como el cuatro de diciembre de 1715 se expidió un auto inusitado que prohibía los corrillos de clérigos en las calles y plazas. Se les vedaba hablar sobre el gobierno, y se establecía una especie de toque de queda para ellos. Si por urgente deber tenían que salir debían llevar, a guisa de salvoconducto, un farol encendido. "



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