La hora violeta (fragmento)Montserrat Roig

La hora violeta (fragmento)

"Esta foto es de cuando Judit y sus padres vivían en Narbona. Judit tenía unos trece años. Dicen que, si no hubiese sido por la enfermedad, iba a ser concertista. Porque Judit, cuando era muy joven, antes de casarse con mi hermano, tuvo que meterse en cama. El cuerpo se le paralizó. Dicen que le dijeron, mire, no se enamore nunca, porque no podrá hacerlo todo, o el piano, o casarse. Y Judit se enamoró de mi hermano Joan y ya no pudo ir a Viena para ser concertista. ¿O fue Joan el que se enamoró de Judit? Nunca me hablaron de ello. Judit no me quería mucho. Me encontraba tonta.
En este retrato, Judit está tocando el arpa con la cabellera suelta. Judit era muy bonita. Me gustaba, no me cansaba de mirarla. Judit, qué hermosa eras. Y yo tan fea... Mi cuñada, cuando joven, tenía el pelo rizado y moreno, pero después, con la apoplejía, se le puso blanco como nubes de algodón. Yo la peinaba, y su cabello era de seda. Me pasaba horas acariciándole el cabello. Me gustaba hacerlo poco a poco, en la quietud de la galería, a oscuras. Mis manos —dicen que mis manos eran muy bonitas — pasaban y pasaban por la cabellera extendida. Me estremecía, me gustaba, y no sé por qué. Mis manos acariciaban la cabellera y los ojos de Judit estaban vacíos, aquellos ojos que no miraban a ninguna parte, o que quizá sólo miraban los patios que se veían desde la galería, le acariciaba la cabellera mientras tenía aquella espantosa muñeca con agujeros en lugar de ojos sobre su falda, acariciaba a la muñeca mientras yo la tenía a ella entre mis manos, la cabecita de la muñeca y su cabellera, la de Judit, qué bonita eras... Nadie nos veía. Estábamos solas, en la galería sin luz. Tú en la mecedora, con la sillita de enea de Pere al lado, te dejabas acariciar, te abandonabas a mis manos. Si no hubieses estado imposibilitada, no lo habría podido hacer, no habría podido peinarte las noches sin luna, que son las que más me gustan. Pero venía Joan y me la quitaba. Joan me la quitaba siempre.
Aquí, Judit mira hacia el frente con la mirada apagada, y los cabellos, que le caen en pequeñas ondas, le hacen de corona. Judit parece que besa el piano. Anda, Judit, bonita, toca alguna cosa, ¿Brahms?, ¿Chopin?, ¿Mendelssohn?, eso es lo que le decía Joan, mucho antes de la muerte de Pere, mucho antes de que dejara de tocar. Joan se sentaba a su lado y le pasaba las hojas de la partitura y yo, como quien no quiere la cosa, me acercaba a ellos, ¿se puede pasar?, preguntaba, y los dos me ponían mala cara, los dos eran malos conmigo. La fotografía está un poco amarillenta, —hace tantos años de todo aquello— Cuando Judit tocaba el piano se iba muy lejos, estoy segura. "



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