Twist (fragmento)Harkaitz Cano

Twist (fragmento)

"Tenía la atracción de los agujeros negros. En el momento en que la Iglesia se convirtiera en una institución transparente y democrática, su poder se acabaría.
Vargas quedó tranquilo, en paz. Se sentía aliviado, arrodillado en el confesionario de madera. Afuera hacía demasiado calor, pero allí, al fresco, sus pulmones no demandaban tan a menudo la máscara de oxígeno. Se habría quedado allá toda la tarde, en penumbra, esperando la sentencia. Le picaba un poco la curiosidad, cierto: eran demasiados años sin confesarse, sin hacerlo «de veras» —Beretta y Benelli—, y no sabía si el cura le iba a decir «ego te absolvo», o solo lo bendeciría con la mano. Ignoraba qué penitencia se le ocurriría al comprensivo padre; por no saber, ni siquiera sabía si se apiadaría de él viéndolo en un estado tan lamentable.
Vargas recordó su viaje de bodas a Italia, cómo en la visita al Duomo de Milán se quedaron estupefactos al ver, dentro de la inmensa catedral, docenas de confesionarios dispuestos en hilera uno al lado del otro, a cual más elegante. Uno podía confesarse en docenas de lenguas distintas. Aquello era un verdadero procesador multilingüe de secretos. Junto a todos aquellos pequeños cubículos, vieron uno de mayor tamaño: penitenza maggiore. Vargas y su mujer bromearon acerca de qué grave pecado habría que cometer para entrar en él.
Ahora ya lo sabía.
Dicen que, a fin de cuentas, la verdad siempre sale a la luz. Pero la mayoría de las veces sucedía tarde, cuando ya no servía para nada. «Por la mañana, oro; por la tarde, plata; y por la noche mata.»
Dicen que la verdad siempre acaba saliendo a la luz, y generalmente lo hace porque aquel que la ha estado ocultando durante años la confiesa; se sabe el secreto por voluntad de quien lo ha guardado, no por el tenaz trabajo de investigación de quien lo ha estado buscando, sino porque quien lo posee quiere desprenderse de su custodia. Uno se delataba a sí mismo, al fin y al cabo. Por tanto, la mayoría de las novelas de detectives estaban basadas en una falsedad. No eran creíbles en absoluto. Siempre resultaba más importante la confesión espontánea que la pesquisa cerebral. "



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