Esculpir en el tiempo (fragmento)Andrei Tarkovski

Esculpir en el tiempo (fragmento)

"Hay personas incapaces de mentir. Otras saben mentir de forma entusiasta y convencida. Hay un tercer grupo que en realidad es incapaz de mentir, pero no puede dejar de hacerlo, y lo hace sin esperanza y sin talento. En circunstancias determinadas, esto es, siguiendo fielmente la lógica de la propia vida, sólo el segundo grupo siente el pulso de la verdad y puede así adaptarse con exactitud casi geométrica a las inconstantes curvas de la vida.
La imagen es algo que no se puede recoger y mucho menos estructurar. Se basa en el mismo mundo material que a la vez expresa. Y si éste es un mundo misterioso, también la imagen de él será misteriosa. La imagen es una ecuación determinada que expresa la relación recíproca entre la verdad y nuestra conciencia, limitada al espacio euclídeo. Independientemente de que no podamos percibir el universo en su totalidad, la imagen es capaz de expresar esa totalidad.
Una imagen es… una impresión de la verdad a la que podemos dirigir nuestra mirada desde nuestros ciegos ojos.
Viatcheslav Ivanov describía, en sus meditaciones sobre el símbolo, su relación con él de la siguiente forma (lo que él llama símbolo, ahora yo lo relaciono con la imagen): «El símbolo sólo es verdadero como tal cuando en su significado tiempo es inagotable e ilimitado, cuando en su lenguaje secreto (hierático y mágico) expresa alusiones y sugerencias de algo inefable que no se puede expresar con palabras. Tiene muchas caras, muchos significados y en su última profundidad es siempre oscuro. Tiene configuración orgánica como el cristal. Se asemeja incluso a una mónada y así se diferencia de la alegoría, de la parábola o de la comparación, complejos y con varios niveles. Los símbolos son incomprensibles, no se pueden reproducir con palabras.» Una imagen creada —por cierto— es fiel cuando hay en ella elementos que expresen la verdad de la vida, haciéndola así tan única e irrepetible como la propia vida en sus fenómenos más insignificantes. La imagen como observación… ¿Quién no volvería a pensar aquí en la poesía japonesa? Me entusiasma en ella su modo radical de prescindir incluso de la alusión más velada a su verdadero sentido imaginario, que debe ser descifrado paulatinamente, como en una charada. El haiku «cultiva» sus imágenes de un modo que no significan nada fuera de sí y a la vez significan tanto que es imposible percibir su sentido último. Es decir, una imagen es tanto más fiel a su destino cuanto menos se puede condensar en una fórmula conceptual, especulativa. El lector de un haiku tiene que perderse en él, como en la naturaleza, tiene que dejarse caer en él, perderse en sus profundidades como en un cosmos, donde tampoco hay un arriba y un abajo. "



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