Los viejos demonios (fragmento)Kingsley Amis

Los viejos demonios (fragmento)

"Había un tabloide sobre la mesa del desayuno, doblado por la página del horóscopo, que era muy divertido leer, no porque hubiera nada de verdad en él, en la astrología, dijera lo que dijese Dorothy. Era el estilo de esa sección, la composición tan clara, entre los programas de televisión, las bodas y la columna política bisemanal del viejo Jimmy Gethin, que hacía años había hecho que Rhiannon prefiriera ese periódico a sus rivales. Seguía comprándolo, aunque entretanto el hígado del pobre Jimmy había dejado de funcionar para siempre, a saber si por falta de potasio. Había sido más amigo de Alun que de ella, que nunca había leído su columna a menos que el primer párrafo le llamase la atención con la promesa de un ataque a uno u otro de la pareja de políticos de extrema izquierda cuyas actividades seguía a intervalos. Hasta ahí llegaba su interés por la política, y no era mucho mayor el que sentía por la literatura: solo le prestaba atención cuando tenía que ver con Alun y, para ser sinceros, no mucho ni siquiera entonces.
En la universidad, bajo la dirección de Gwen y Dorothy, había procurado remediarlo leyendo o tratando de leer libros sobre ambos temas, y también sobre arte, cuyas ilustraciones eran bonitas, aunque no todas ni mucho menos. Pero el intento no había llegado a cuajar, y hacia la época en que dejó la universidad desistió con tanto alivio como vergüenza. La vergüenza persistía; aún se sonrojaba al recordar aquella vez que salió con un joven pequeñajo que se había licenciado en filosofía alemana con matrícula de honor y que al final de la noche le dijo asombrado: «Pero a ti no te interesa nada de nada». Ni entonces ni después había sabido qué responder. Las cosas que a ella le interesaban eran demasiado pequeñas y dispersas para llegar a constituir un tema del que uno pudiera examinarse. Y, eso era todo, pero nunca había podido sentirse a gusto a ese respecto, nunca.
Oyó a Rosemary en la puerta y se apresuró a meter en el paquete el cigarrillo que había empezado a sacar. Simulando estar absorta en los horóscopos, leyó que para los Leo como ella aquel sería un buen día para cerrar tratos, siempre que consiguieran no frustrarlos con su famoso rugido. "



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