Los desayunos del Café Borenes (fragmento)Luis Mateo Díez

Los desayunos del Café Borenes (fragmento)

"El Lázaro resucitado lo primero que hizo, una vez cumplidos los agradecimientos, no fueron las abluciones o la ducha que, a buen seguro, era lo que más necesitaba, sino desayunar. Repuso comedidamente lo que el cuerpo requería, entendiendo que el regreso de la muerte era paralelo al regreso del sueño y que los alimentos terrestres suponían el imprescindible contraste a la forzosa dieta de ultratumba.
Y ese Lázaro desayunado era, al fin, el Lázaro vivo y el Lázaro vivaz, el que encontraba la satisfacción gástrica del café con leche, o su equivalente evangélico, mientras liberaba su aturdimiento y presentía la primera ocurrencia, esa idea brillante del albor de su vida recobrada, el instante originario de la nueva lucidez.
Ángel Ganizo les contaba a sus amigos del Borenes lo que el viejo desayunador decía, y Lezama se daba por aludido.
Es algo que todos constatamos, dijo Lezama. Hasta en el mero devenir profesional, en el día a día de esas reuniones matutinas a las que frecuentemente nos convocan, se aprecia claramente el mejor resultado, las ideas más brillantes, las mejores propuestas y soluciones. Un café a veces mediocre, cuatro pastas de reputación dudosa y, sin embargo, la mente reverdecida y una especial finura en la expresión de la inteligencia. La lucidez de una conciencia recién estrenada.
El desayuno, pues, como punto de llegada y partida, y otra aportación al arte del mismo, entre las consideraciones que sobre él solían hacer los desayunadores del Borenes, y mientras se iban devanando algunas de las divagaciones de Lezama que obviamente no sucedían en el trance de un desayuno sino en la secuencia de muchos, habida cuenta de que el tiempo de cada uno era limitado y generalmente los asuntos no eran monográficos.
Cualquiera entiende la variedad y versatilidad de lo que el desayuno concita, dijo Ángel Ganizo, la espontaneidad de lo que se opina y comenta, y cualquiera supone que un lunes deportivo acapara, por ejemplo, las mayores condolencias o excitaciones, sin que en tal fecha, entre gentes normales, hubiese otra opción que la del sentido y el sinsentido de la vida en el mérito o el demérito de la tabla de clasificación, los goles, los desatinos arbitrales, un penalti en el último minuto.
Había lunes en que el ambiente se cortaba con el cuchillo, el café se enfriaba en las tazas abandonadas y cualquier palabra inocua se hacía sospechosa, de modo que el que la decía se jugaba la dignidad y el mérito. "



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