Virgilio Piñera: entre él y yo (fragmento)Anton Arrufat

Virgilio Piñera: entre él y yo (fragmento)

"Conservé mi placa y nunca olvidé, tengo también buena memoria, aquellas palabras “Portocarrero está en ese poema”. ¿No constituirían estas palabras una falsa pista que me ofrecía su autor? ¿Acaso eran verdad? ¿La verdad o la mentira tienen algo que ver con un poema? Por supuesto cada uno es víctima de este afán: relacionar un poema con algo tangible, verificable, diré real. Categorías todas tan dudosas. ¿No identificaba a Piñera como el autor de “Carga”, y por ende conocedor de sus misterios? Este afán, tan ingenuamente humano: encontrar algo verdadero, diré real, se conjuga con otro de idéntico origen, tal vez más romántico, el afán (o la necesidad) de identificar como exactos y correlativos al sujeto autoral con el nombre propio del autor, con quien lo firma y cobra derechos. Sé que tal identificación, si existe en un poema o en una obra de ficción, apenas puede ser rastreada. Recuerdo que Piñera citaba complacido el “avanzo enmascarado” de Descartes, y sé que el autor es la máscara de un nombre propio. En estas cosas sabidas no insistiré. Sin embargo, cuando se ha conocido al creador, el lugar mencionado, el sujeto del poema, o se tienen otros datos fehacientes y cuantificables, resulta casi imposible no leer ciertos textos sin partir de ellos, utilizándolos como ruptura, verificación o contraste... Esta es la trampa que la amistad o el conocimiento personal de un creador puede tendernos y de la que resulta complicado escapar. Suelo a menudo preguntarme, ¿por qué intentar o pretender escapar? El amigo escritor se aproxima, nos confía una parte de su secreto, nos ofrece una cifra oblicua o nos comunica, mediante confesión, una clave ignorada... ¿Por qué no volverla sobre su obra como si colocáramos un espejo o una pantalla iluminada por su propia luz, aunque pueda ser una luz mentirosa, un reflejo de su máscara? "


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