Cómo llegamos a la final de Wembley (fragmento)James Lloyd Carr

Cómo llegamos a la final de Wembley (fragmento)

"Recurrí a él con el problema de cómo lidiar con la multitud que se esperaba para el partido contra el Hartlepool, y él inmediatamente me adelantó cuatrocientas libras para los trabajos que tuvieran que llevarse a cabo para la protección del campo, y me dijo que podría recuperar parte del dinero convirtiendo dos grandes prados que había a la entrada del pueblo en aparcamientos temporales. Y sin consultarlo con ellas, ofreció a la señora Fangfoss y a su hermana para servir té en el campo que había un poco más lejos, para que la gente no intentara salir toda a la vez por la única carretera que tenía el pueblo.
El miércoles por la noche, dos de sus jornaleros, a los que había apartado de la carga de la remolacha, ya habían fortificado el campo de Parson’s Plow con una valla formada por seis travesaños con alambre de púas tras un seto de espino y otra alambrada en su interior. Mandó quitar la puerta del campo y reemplazarla por una valla alta con tablas de más de centímetro y medio de grosor, que únicamente dejaba dos huecos por los que solo cabía una persona cada vez y de lado. Mientras, su amigo el señor Burgoyne, un albañil de Barchester, montó alrededor del campo de juego dos gradas con tablones en tres niveles: el primero pegado al césped, otro un paso más arriba y uno por encima de este último. Pero todos los niveles se venderían al mismo precio. Calculamos que podríamos tener seiscientas personas de pie a cada lado del campo y trescientas en cada extremo.
El suegro de Alex, el señor Croser, accedió a cobrar en uno de los huecos de entrada y el señor Issitt, el recaudador de impuestos del distrito, en el otro (a cambio de unos honorarios que ascendían a una libra). A mí me liberaron de todas las demás tareas para que pudiera ocuparme de cualquier imprevisto. Con ese fin establecí un sistema de mensajeras que me proporcionó Maisie Twemlow.
Como el señor Fangfoss no permitía que se cometiera ningún delito en Sinderby, no teníamos alguacil, pero le pidió al sargento Kettlewell, del puesto de policía de la mina de Cascob, que viniera a echarle un ojo al campo. La red de informadores del sargento, formada por los dueños de los bares de la zona a cambio de que él fuera flexible con la hora de cierre, estimaba que habría suficientes asistentes locales para llenar las mil ochocientas localidades, y que cabía esperar que los aficionados que vinieran en los autobuses desde Hartlepool y llegaran demasiado tarde crearan cierto alboroto. Pero al sargento le pareció que su presencia en el interior del campo y la del agente Codd en el exterior serían suficientes para intimidarlos. "



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