El orden del día (fragmento)Éric Vuillard

El orden del día (fragmento)

"Ningún rayo de sol atravesará bruscamente su noche, ninguna sonrisa aflorará a la faz del espectro para alentarlo a cumplir su último deber. Ninguna frase digna de labrarse en mármol brotará de su boca. Ni una brizna de conmiseración, ni una chispa de luz, nada. Su cara no se inundará de lágrimas. Schuschnigg no es más que un jugador de cartas, un mísero calculador, incluso pareció creer en la sinceridad de su vecino alemán, en la lealtad de los acuerdos que, no obstante, acababan de imponerle mediante la extorsión. Se amedrenta un poco tarde; invoca a las diosas a las que escarneció, reivindica ridículos tratos en aras de una independencia ya muerta. No quiso enfrentarse a la verdad. Y ésta se presenta ahora ante él, muy cerca, horrible, inevitable. Esa verdad le escupe en la cara el secreto doloroso de sus compromisos.
Entonces, en un postrer gesto de ahogado, busca el apoyo de los sindicatos y del partido socialdemócrata, a sabiendas de que llevan cuatro años prohibidos. Así y todo, los socialistas arrostran el peligro y acceden a apoyarlo. Schuschnigg presenta de inmediato una propuesta de plebiscito sobre la independencia del país. Hitler está loco de rabia. El viernes 11 de marzo, a las cinco de la mañana, el criado de Schuschnigg lo despierta para vivir el que será el día más largo de su existencia. Pone los pies en el suelo. El parqué está frío. Se calza las pantuflas. Le anuncian amplias operaciones de las tropas alemanas. La frontera de Salzburgo está cerrada y se han interrumpido los transportes ferroviarios entre Alemania y Austria. Una culebra se desliza en las tinieblas. El cansancio de vivir es insoportable. De repente se siente muy viejo, espantosamente viejo; pero tendrá tiempo más que suficiente para meditar sobre todo ello, cumplirá siete años de cárcel bajo el Tercer Reich, y dispondrá de siete años para preguntarse si actuó bien al fundar antaño su grupito católico paramilitar, siete años para averiguar lo que es realmente católico y lo que no lo es, con el fin de separar la luz de las cenizas. "



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