La España de Cervantes (fragmento)Joseph Pérez

La España de Cervantes (fragmento)

"Muchos contemporáneos de Cervantes tuvieron la impresión de un cambio brutal de coyuntura y de una Monarquía que «se va acabando por la posta», como escribe el conde de Gondomar en 1619, o que «va bajando», en palabras de Barrionuevo. A esta obsesión responde la marea del arbitrismo. El primer arbitrista de la literatura es probablemente aquel pobre hombre que se muere de hambre en un hospital, tal como viene retratado en la novela El Coloquio de los Perros (1613), un personaje ridículo, un mentecato. No todos los que han sido motejados de arbitristas merecen sin embargo ser censurados como locos. Algunos de ellos -el mismo Cellórigo, por ejemplo- son auténticos economistas que analizan seriamente la situación y sugieren soluciones no siempre descabelladas. Por aquellas fechas, el arbitrista parecía anacrónico, y tal vez lo era por venir antes de tiempo, lo mismo que Don Quijote soñaba con un mundo pasado y por lo tanto también anacrónico. Al fin y al cabo, exclamará unos años después Saavedra Fajardo, «si los Reyes Católicos no hubieran prestado oídos a los proyectos de un arbitrista llamado Colón, España nunca hubiera conquistado las Indias...»

Hoy en día, la tendencia es más bien de matizar el concepto de declive. La decadencia no es una situación objetiva, sino un fenómeno psicológico: los castellanos de principios del siglo XVII tenían la impresión de vivir en una nación que ya no era la que fue, que había entrado en decadencia. ¿Era exacta esta impresión? Desde luego, no cabe duda de que la situación de la economía había empeorado desde mediados del siglo pasado: muchos campesinos habían abandonado sus tierras y sus hogares para buscar refugio en las ciudades; de esta forma iba la producción disminuyendo mientras crecía el número de desocupados, mendigos y marginados... Ahora bien, esta situación es más bien característica del centro de Castilla, de aquellas zonas, entre Burgos y Toledo, que desde mediados del siglo XV hasta finales del XVI, habían constituido el riñón del reino, las zonas más pobladas, más dinámicas, más ricas. Allí sí que se nota la crisis: descenso de la población, reducción de la superficie cultivada, recesión comercial, hundimiento de la manufactura, abandono de la burguesía y reacción señorial. En cambio, en las regiones periféricas, la situación no es tan alarmante, ni mucho menos; se está produciendo un reequilibrio que les es favorable. "



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