Bailar al borde del abismo (fragmento)Gregoire Delacourt

Bailar al borde del abismo (fragmento)

"Pese a todo, Mimí invitó a una ronda general, briks de Vieux Papes, en un camping lo que se quiere es cantidad, no calidad, me aclaró, sobre todo al final de las vacaciones, guacamole y tortillas a voluntad, salchichón y zamburiñas (pagando). La fiesta se prolongó hasta la noche, los niños y algunas madres se retiraron a sus tiendas; los que se quedaron se pusieron a bailar, la violencia áspera del vinazo tinto hizo surgir algunas palabras gruesas, como puñetazos, manifestarse urgencias animales, y algunas siluetas se volatilizaron en las sombras, se perdieron en rincones de arena tibia; se oyeron risas sofocadas, sonó un grito, el susto de una mujer; y luego, de repente, en el corazón de la noche, se levantó un viento violento, ensordecedor, que arrastraba olor a algas, a sal, a peces muertos, el jadeo de un hombre; por la mañana, algunas ramas habían sido arrancadas de los árboles, se habían roto los cristales de varias ventanas, la red de una portería de fútbol había desaparecido, una tienda había salido volando, pero no hubo ningún herido, salvo un tipo que hacía el pájaro en un árbol y recibió una descarga eléctrica.
Esa mañana, en medio de la desolación del camping, Mimí y yo despedíamos con gesto cansado a los últimos clientes; estos eliminaban a soplidos la arena que se había colado por todas partes, recogían las tiendas, enganchaban las caravanas a los vehículos, llenaban de agua el depósito de las autocaravanas antes de echarse a la carretera con la familia, con las bicicletas en la baca, en dirección al piso, al chalé, al hipermercado, para comprar el material escolar, recuperar las palabras tristes, bueno, pues hasta luego, no vuelvas muy tarde, sobre todo no cojas frío, reencontrar a los colegas ante la máquina de café, decir que sí, que el verano ha ido bien, cuchichear, con ojos brillantes y labios húmedos y ardientes, que ha estado bien, incluso mejor que bien, una vendedora de patatas fritas, y llegó septiembre, y pensé en mis hijos, que por primera vez iban a empezar las clases sin mí, en Louis, que querría un reloj inteligente, y en su padre, que diría que sí para optar por el camino más fácil, en Manon, que elegiría la ropa sin mí, en Léa, que aprovecharía mi ausencia para llevar el pelo más corto de lo que le queda bien, como Jean Seberg en Al final de la escapada, pensé en todo lo que mi deseo había impedido, me sentí una inmundicia, y me lancé a dejar marchar a aquellos a quienes amaba. "



El Poder de la Palabra
epdlp.com