La tragedia de Wilson Cabezahueca (fragmento)Mark Twain

La tragedia de Wilson Cabezahueca (fragmento)

"Con todo su sentido común y habilidad práctica para los quehaceres cotidianos, Roxy era una sufrida madraza. Era así con su hijo, e incluso mucho más. A causa de la farsa que había inventado, el pequeño se había convertido en su amo y señor. La necesidad de aparentar esa relación y de tener que perfeccionar las formas acordes con la situación la llevaron a tal grado de diligencia para lograr su objetivo que muy pronto aquel tratamiento deferente se convirtió en un hábito, llegando a ser automático e inconsciente. Le siguió más tarde una consecuencia natural: comenzó a creerse la ilusoria verdad que había preparado minuciosamente para los demás. La fingida pleitesía se tornó real, así como también ocurrió con el a priori falso servilismo. Su sumisión aumentaba por momentos y la simulada escisión entre supuesta-esclava y supuesto-amo fue ensanchándose hasta llegar a un verdadero abismo. En un lado de este estaba Roxy, la víctima de su propia patraña; en el otro, su propio hijo, quien para ella ya no era un suplantador, sino su reconocido amo. Este era su bien más preciado, su señor y dios todo en uno y, así, sumida en la más profunda devoción por él, se olvidó de quién era ella y de lo que su joven vástago había sido.
Durante la niñez, Tom golpeó y arañó a Chambers sin que se le reprendiera por ello, y Chambers pronto descubrió que, entre soportar estoicamente aquellas vejaciones o enfadarse, salía ganando apostando por la primera opción. Las pocas veces que, perdiendo los nervios, había decidido devolver los ataques recibidos, lo había pagado muy caro. Y no por Roxy porque, si alguna vez esta había ido más allá de darle un sermón por olvidarse de «quien es el que manda aquí», no había pasado de una simple bofetada. No. Percy Driscoll era el que daba miedo. Le decía a Chambers que jamás, bajo ninguna circunstancia, debía levantarle la mano a su joven amo. Chambers traspasó esa línea marcada en tres ocasiones, por las cuales recibió tres buenos azotes de parte de quien era su padre en realidad y no lo sabía, de modo que, a partir de entonces, aceptó con humildad las crueldades de Tom y no se le ocurrió rebelarse contra él. "



El Poder de la Palabra
epdlp.com