Ángel (fragmento)Elizabeth Taylor

Ángel (fragmento)

"La tarde de la visita de Ángel se había asomado ansiosamente a la ventana al oír que los niños bajaban gritando por la calle; podía ser algo que presenciar, un ladrón en fuga, una procesión, una pelea de perros. Ángel, al alzar la mirada y verle en la ventana, no podía saber cuán oportuna era su llegada. Aburrido de escarceos sexuales, comenzaba a deleitarse en una experiencia totalmente nueva: un interés por la personalidad. Nunca había encontrado misteriosas a las mujeres, sino monótona y patentemente rapaces. Cuando estuvo con Ángel se vio obligado a adivinar; un misterio conducía a otro; ella estaba interminablemente envuelta en ellos. Empezaba a hacerse preguntas sobre ella cuando Ángel no estaba, y le sorprendió descubrirse haciéndolas. El «ojos que no ven, corazón que no siente» había sido en su caso una queja ordinaria de otras mujeres que había conocido. Descubrió que sus especulaciones sobre Ángel eran un modo agradable de pasar el tiempo. Apenas tenía un solo amigo en el mundo, pues con harta frecuencia se había visto forzado a borrar sus huellas, a emprender nuevos comienzos; huir de una mujer entrañaba huir de su círculo; incluso cuando podría haberlo hecho, no se había tomado la molestia de conservar amistades.
Y gracias a Ángel había vuelto a pintar. Ella le había recordado la pintura, ya que su inercia había llegado al extremo de olvidarla; la había olvidado y no se preocupaba, excepto en las madrugadas en que se acordaba de que era la mejor parte de su vida.
Nora se mostró incrédula cuando se enteró de que él iba a pintar el retrato de Ángel. "



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