La niña del faro (fragmento)Jeanette Winterson

La niña del faro (fragmento)

"Sin dejar de gemir ligeramente, con la pata herida, el perro así lo hizo, y el hombre emprendió rápidamente el camino de regreso a la casa parroquial en busca de una cuerda.
No encontró a nadie en la casa. Su esposa había salido. Su hijo estaba en la escuela. La cocinera dormía antes de que el obispo llegara a cenar. Dark se alegró de no tener que dar explicaciones, de no tener que exasperarse. Un problema compartido era un doble problema, pensó. La gente intentaba ayudar, pero lo único que conseguía era entorpecer. Mejor era contener los problemas, como con un perro rabioso. Entonces se acordó de su perro y dejó a un lado otras consideraciones más complejas. Eran sus consideraciones. No las compartiría con nadie, jamás. Guardaría el secreto.
Encontró la cuerda en el cobertizo donde guardaban el carruaje. Se la echó sobre el hombro. Metió una pesada estaca metálica y un mazo en un saco y cogió un arnés de poni para izar al perro. Luego volvió al acantilado, absolutamente resuelto ante la tarea que tenía por delante, e intentando dominar la tensión nerviosa que se había convertido para él en un estado mental de lo más común. A menudo tenía la sensación de que su mente se desmenuzaba. Solo haciendo uso de la mayor disciplina podía encontrar para sí la paz natural que solía dar por supuesta. Paz mental... daría cualquier cosa por volver a encontrarla. Ahora trabajaba para alcanzarla, del mismo modo que trabajaba su cuerpo boxeando. 
El hombre caminaba enérgicamente intentando no pisar las amapolas que brotaban de todas las grietas del suelo que contenían algo de tierra. No conseguía que crecieran en su jardín, y ahí brotaban de la nada. Quizá utilizara esa imagen para su sermón...
Pentecostés. Le encantaba la historia del Grial, que llegaba a la corte del rey Arturo durante la celebración de Pentecostés. Le encantaba, y le entristecía, porque ese día todos los caballeros se habían comprometido a volver a encontrar el Grial, y la mayoría de ellos se perdieron, e incluso los mejores fueron destruidos. La corte quedó rota; la civilización, arruinada. ¿Y por qué? Por culpa de una visión onírica que no tenía ninguna utilidad en el mundo de los hombres.
La historia le espoleó. "



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