Cuentos de las lluvias de primavera (fragmento)Ueda Akinari

Cuentos de las lluvias de primavera (fragmento)

"Así transcurrieron días y meses. Pasó un año y luego otro y, por fin, consiguieron excavar el túnel, que tenía casi un ri de longitud, y a lo largo del cual abrieron tragaluces a intervalos en la pared rocosa para que el interior estuviera iluminado. El viejo camino, por el contrario, medía más de ocho ri, en los que no había siquiera donde descansar. Los viajeros tenían que sufrir tanto el sol abrasador del verano como el frío helador del invierno. El túnel facilitó la circulación. Incluso un guerrero podía pasar sin dificultad montado a caballo con la lanza en vertical. En la Edad de los Dioses, Onamuchi y Sukunabiko crearon el país, pero sus méritos no tienen parangón con la magnífica obra de Suteishi Maru. El daimio de Buzen estaba tan complacido que envió un mensajero al señor feudal de Mutsu y arregló el asunto de la venganza. Kodenji le dio las gracias de todo corazón y se marchó.
Poco tiempo después, Suteishi murió a causa de su enfermedad. A la entrada del túnel se erigió un santuario en su honor y fue venerado por todos los viajeros de la provincia con el nombre de Suteishi Myojin. Kodenji regresó a Azuma y obtuvo el perdón del gobernador de la provincia. Su familia gozó aún de mayor riqueza y prosperidad. ¡Qué feliz se sentía su hermana mayor!
Cuando, con el paso de los años, el santuario de Hidakami entró en decadencia, Kodenji, como muestra de gratitud, lo reconstruyó decorándolo con oro y joyas. Su resplandor era tan majestuoso que atrajo a la gente de la provincia vecina, de manera que día y noche fluía un incesante río de peregrinos. Manifestándose la virtud milagrosa de la divinidad del santuario, el templo rebosaba de tesoros y ofrendas de agradecimiento, y así, fue venerado como el mayor santuario sintoísta de las regiones del norte de Japón. "



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