Amor propio (fragmento)Gonzalo Celorio

Amor propio (fragmento)

"Como los poetas modernistas, Juan Manuel tenía vocación escenográfica y, como la de ellos, su mirada, aun cuando se detenía en esas cosas que llamamos muy nuestras, no era ajena al exotismo. Y aparejada a semejante vocación, gozaba de enorme capacidad celebratoria, de manera que cuando Ramón, ya más amigo que discípulo, le comentó su plan de vivir con Susana, Juan Manuel le ofreció su casa para imprimirle a esta ceremonia que quería ser lírica la dimensión épica de la fiesta.
Mandó a hacer en el expendio de flores del mercado —donde se adornaban automóviles para boda y se elaboraban minuciosas coronas funerarias— una herradura y una estrella de margaritas blancas, que colocó en la puerta de la casa. Decoró el corredor con banderitas de papel de china picado y dispuso unas sillas de palma a lo largo del andén, una al lado de otra, como en fiesta de pueblo. Al fondo colocó una mesa que habría de ser cantina, no sin antes fungir como altar o como parapeto de un virtual juez o sacerdote o quién sabe cómo qué cosa en esa ceremonia que no quería ser ceremonia. Y en el otro extremo, una grandísima tinaja de lámina, de las que se usan para lavar ropa, llena de hielo y de cervezas Victoria, todo muy popular, muy nuestro, muy Diego Rivera y Frida Kahlo vaya, para la boda que no era boda: no se casarían por ninguna de las leyes aunque los anatemizaran sus familias y aunque no recibieran ningún regalo, no habría por tanto ninguna ceremonia —ni trajes especiales para la ocasión ni anillos ni participaciones— más que la que ellos mismos celebraran en la intimidad de sus corazones. No invitarían a nadie puesto que no habría nada. "



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