El viento en las hojas (fragmento)José Ángel González Sainz

El viento en las hojas (fragmento)

"No podía dejar de estar pendiente de ella; a ratos recostada en el pretil y a ratos de pie junto a la niña, no conseguía quitarle ojo de encima y cada tanto, cuando ya no podía contenerse, hacía ademán de ir a sujetarla hasta que, en los momentos de mayor aprensión, la cogía directamente en brazos y la bajaba con brusquedad a ras de suelo. No hace ninguna falta que te aúpes y te asomes tanto, le decía, ¿me has oído?; puedes hacer igual todo lo que haces sin asomarte.
Pero la niña volvía inconscientemente a darse impulso al cabo de poco y, con el vientre sobre la piedra y las manos ocupadas, se asomaba de nuevo fascinada sobre la corriente del río. Sacaba la cabeza de la línea del pretil y miraba planear las pompas de jabón, mecerse un momento en el vacío y romperse de pronto como por encanto. Estallaban sin previo aviso para quedarse en nada, y eso la deslumbraba tanto como que pudieran formarse con su soplo.
También miraba fluir las aguas rápidas y oscuras que venían de lejos, que pasaban un momento frente a ella y enseguida desaparecían por debajo del puente. Venían de no sabía dónde, de remotas montañas donde se formaban los ríos según le habían dicho, e iban a no sabía dónde, a mares inmensos en los que desembocaban desapareciendo para siempre igual que las pompas de jabón en el aire. Apenas las veía fluir un momento frente a ella, ya se metían debajo de los ojos del puente y entonces ya no conseguía seguir viéndolas. Tenía que asomarse un poco más, restregar el vientre, como reptando sobre la piedra, y avanzar levemente hacia fuera para sacar así más la cabeza y poder mirar abajo y hacia atrás y ver aún un poco más, todavía un instante más, lo que se iba.
Le parecía que perdía algo cada vez que una de las ramas o de los hierbajos que arrastraban las aguas, o bien de los palitroques que tiraba al río su padre, desaparecía bajo los ojos del puente corriente abajo, como tragado por una cavidad cavernosa. Pero también le parecía que cada paso, que cada deslizamiento de algo bajo el puente, y sobre todo cada burbuja de jabón que brillaba al sol un instante, era de veras una maravilla, y una maravilla es siempre a su modo una eternidad. ¿Tan delicadas eran algunas cosas y tan rápido se deslizaban?, se podía pensar al verla tan hipnotizada por la corriente como por sus pompas de jabón; ¿y no serán a lo mejor maravillosas precisamente por lo poco que duran y lo frágiles que son? "



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