Klosterheim, o la máscara (fragmento)Thomas de Quincey

Klosterheim, o la máscara (fragmento)

"Nada escapaba a la consternación de la ciudad. Hasta los que no estaban incluidos en la aparente regla que regía los ataques de La Máscara, sentían una indefinida sensación de terror que pendía sobre ellos. El sueño ya no era seguro. El refugio del hogar privado de un hombre, la intimidad de los dormitorios, no servían de protección. Las cerraduras cedían, las rejas caían y las puertas se abrían ante La Máscara, como por arte de magia. Las armas parecían inútiles. En algunas ocasiones, habían desaparecido grupos de hasta diez o doce personas, sin haber alertado a la vecindad. Y no era éste el único misterio. El lugar donde se llevaba a sus víctimas era aún más misterioso que los medios con los que lo conseguía. Todo era incertidumbre y temor, y toda la ciudad se encontraba agitada por el pánico.
Se empezaba a sugerir la necesidad de establecer una guardia nocturna, con lugares fijos de ronda, que recorriese las calles a intervalos. Todos accedieron gustosos, pues, pasada la primera semana de los misteriosos ataques, se comprobó que los partidarios imperiales también eran atacados indiscriminadamente, además de los aliados de los suecos. Muchos estudiantes declararon públicamente que habían sido perseguidos por varias calles por una Máscara armada. Otros se habían encontrado con ella en lugares poco frecuentados de la ciudad, bajo la oscuridad de la noche, y habían estado a punto de ser atacados, cuando alguna alarma, o la aproximación de pasos distantes, la habían hecho desaparecer. Los estudiantes parecían ser el principal objeto de sus ataques. Y dado que, en general, se mostraban partidarios de los intereses imperiales, ya no se consideraba que los motivos de La Máscara fuesen políticos. De este modo, los estudiantes se ofrecieron en bloque como voluntarios para la vigilancia nocturna de la ciudad. Al ser jóvenes, de costumbres militares en su mayoría, y estar habituados a soportar la dureza de las guardias nocturnas, parecían especialmente adecuados para el servicio; y como el caso ya no despertaba las sospechas del Landgrave, fueron aceptados y alistados. Y con tanta más presteza, al aprobarlo los aliados reconocidos del príncipe. "



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