Eros, demonio mediador (fragmento)Giovanni Reale

Eros, demonio mediador (fragmento)

"Originariamente —se nos dice— los hombres eran de forma esférica con cuatro manos, cuatro piernas y dos rostros. Se movían a gran velocidad, girando en círculo y apoyándose sobre ocho miembros.
Eran tres los sexos. El masculino, descendiente del sol; el femenino, de la tierra, y el andrógino, de la luna. Cada uno de los hombres que encarnaba estos géneros era autónomo, porque en su naturaleza originaria tenía la totalidad y la plenitud y, por lo tanto, no necesitaba de otro.
Pero, debido a la fuerza y potencia extraordinarias que los hombres tenían en dicha naturaleza originaria intentaron subir hasta el cielo y agredir a los dioses. Zeus, con el fin de defenderse y tras celebrar un consejo con las demás divinidades, decidió, no sin larga meditación, cortar a cada hombre por la mitad, produciendo una serie de modificaciones en su estructura según la lógica de la división en dos.
En consecuencia, cada mitad deseaba intensamente su otra mitad perdida. La buscaba y, cuando la encontraba, a ella se unía. Pero, reunidas de este modo fortuito, las dos mitades terminaban muriendo de hambre e inacción. Entonces, Zeus desplazó los órganos de su sexo hacia adelante (primero estaban en la parte exterior y engendraban y parían no por la relación entre hombre y mujer, sino por medio de la tierra, como se dice que sucede con las cigarras), para que la generación tuviera lugar mediante el uso de estos órganos y, por consiguiente, para que el varón y la mujer se unieran para la procreación y resolvieran así una serie de problemas relacionados con ellos.
¿Qué es, entonces, el Eros?
La respuesta es clara: Eros es el remedio que deriva del mal de la división en dos; es la búsqueda de la otra mitad, el hacer «de dos uno» y el intento de curar, de este modo, o sea, en función del «uno», la escisión diádica de la naturaleza humana.
Los hombres varones fueron divididos en dos varones y, por lo tanto, cada uno de ellos busca en un hombre varón su otra mitad. Los andróginos, en cambio, divididos en un hombre y una mujer, dieron origen a dos sexos, de naturaleza tal que uno busca al otro: el varón persigue su otra mitad en la mujer, y viceversa. Los hombres hembras, a su vez, fueron divididos en dos hembras, y, en virtud de ello, cada una busca en otra su propia mitad.
En el amor, pues, cada uno busca a su congénere y desea unirse a él lo más que sea posible. "



El Poder de la Palabra
epdlp.com