La siesta de los zopilotes (fragmento)Arturo Ambrogi

La siesta de los zopilotes (fragmento)

"A la vera del cantizal, que es el antiguo cauce labrado por las correntadas que bajan del Volcán; a la vera del cantizal, siguiendo sus quiebres, calcando todas sus curvas y todas sus irregularidades, corre el cerco de piña. El cerco está enrarecido. Las pencas han perdido su prístino barniz. Deslustradas por la costra del polvo recalcitrante, se yerguen, como maraña de lanzas oxidadas, y no sienten, como los cercos montañeros, ceñida a su desnudez, la gaya caricia de las enredaderas. No son más que guarida de lagartijas y garrobos; y es muy raro que de entre de ellas irrumpa algún pájaro. Ingrato es el sitio, en el que apenas por toda la vegetación, se agarran a las laderas calichosas, entre los peñascos arenosos, unas cuantas matas de izotes, unas cuantas higueras silvestres, resecas, telarañosas, y en las que los frutos se enraciman cual piña de pequeños erizos en los extremos de las ramas, nudosas como cañutos.
Por entre los ramajes deshojados, cubiertos de polvo, salpicados por las manchas de las defecaciones de los zopilotes, se columbran las paredes lechosas, los techos plomizos del Rastro. Y en medio del ardor canicular, el olfato percibe, como un sahumerio, un acre olor de sangre.
En el entretanto, los zopilotes dormitan. "



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