En tierra de páramos y olivares. Incursiones andaluzas (fragmento)Georges Hausemer

En tierra de páramos y olivares. Incursiones andaluzas (fragmento)

"Hasta bien entrado el siglo dieciochesco, los extranjeros que se adentraban en estos inhóspitos páramos eran subyugados por este panorama aparentemente tan arcaico. «Me pareció que me había retrotraído a la primera era de la creación del mundo, donde los humanos y las bestias salvajes compartían en igualdad el reino de la tierra», señaló el autor de crónicas español Antonio Ponz alrededor de 1755 después de un paseo en mula de varios días.
Otros trotamundos miraban con asombro, no exento de humor, el grado de precariedad de aquellos campos y prorrumpían en cantos que idealizaban las fachadas de las ciudades o los beneficios de un clima tan singular. Así, el propio Lord Byron, en 1809, renombró jactanciosamente a la antigua Gadir, actualmente llamada Cádiz, como «El lugar más hermoso del orbe». Otro famoso poeta y novelista, el francés Théophile Gautier, rememoró la cálida luminiscencia de las tierras del sur de España de la siguiente forma, «Pugna entre el azul celeste y el argénteo brillo del mar».
Esta luz lechosa al amanecer, el esplendor fastuoso de la tarde, la tonalidad escarlata del anochecer, despiertan el unísono eco de muchas voces que dan nombre a toda esa íbera franja costera y casi nada más habría que añadir con respecto a esas gélidas mañanas del mes de mayo. Desde la altura las nubes traen la amenaza de la lluvia sobre el horizonte lejano mientras la pesada atmósfera se cierne despaciosamente ante la pura impotencia de Barbate y especialmente el Sr. Zaragoza, atento a las señales de radio emitidas por los barcos, recibe el siguiente funesto mensaje, «No hay pescado». No hay peces en la mar, porque así lo afirma con postrera certeza el capitán. "



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