Crónicas del Frente de Madrid (fragmento)Mauro Bajatierra

Crónicas del Frente de Madrid (fragmento)

"Hoy es un día que marca una fecha gloriosa en la historia del proletariado madrileño.
Hoy hace tres meses, el pueblo armado de escopetas, fusiles, pistolas y bombas de mano; sin un mortero, sin ametralladoras, sin cañones, sin uniforme, sin militarización, sin mando único, sin otra consigna que el pelear por la libertad contra el fascismo, legiones de hombres, entre los que había unos doscientos marinos voluntarios, sin jefes, sin órdenes, incontrolados también por el mando, contribuyeron poderosamente a parar los pasos de
Franco.
Estaba yo en el frente de la Alcarria, en una lucha de retroceso que ninguno de los combatientes comprendíamos, y al enterarme del peligro inminente de mi Madrid querido, recogí a mis muchachos y nos plantamos aquí el día 6 de Noviembre, dispuestos a morir antes que dejar pasar al enemigo.
El día 7 pasamos la primera noche en la trinchera que, de prisa y corriendo, se abrió a través de los terrenos del barrio del Carmen. Noche terrible de dudas, de ansias, de emociones, de miedo —¿por qué no decirlo?— entre los centenares de “incontrolados” guerrilleros bisoños, que no habían tirado un solo tiro en su vida, que no conocían el manejo del fusil y que en sus manos era un peligro para los que ocupábamos la trinchera. Tuve que hacer de instructor de armas, enseñarles a disparar y cargar hasta que aprendieron.
Por la mañana del día 8, el enemigo, confiadísimo en que su paso por el puente de Andalucía sería cuestión de minutos, avanzaba parsimoniosamente con sus tanques en vanguardia.
Una rociada de metralla nos estuvo enterrando en las trincheras, que iban quedando llanas como una senda. A sesenta metros de nosotros, las pobres casas de los trabajadores del barrio Usera volaban destruidas, como si fueran de cartón, por la artillería fascista. Mil hombres
de todas las edades, armados como pudieron, sin tener quien les atendiera en las municiones, sin camillas para evacuar heridos, sin hospitales de sangre, con la duda horrible de si se salvarían, pero con la convicción absoluta de morir combatiendo al fascismo, estábamos tumbados en el fondo de la trinchera, que ya no era más que montones de arena. "



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