Prestigio (fragmento)Rachel Cusk

Prestigio (fragmento)

"Era una mujer diminuta y enérgica, con el cuerpo de una niña, la cara amplia, huesuda y sagaz, los párpados caídos y unos ojos que insinuaban una paciencia casi reptiliana, por lo poco y lo despacio que parpadeaban. Había asistido a mi charla esa tarde, añadió, y le había sorprendido, como siempre, la inferioridad de ese tipo de ocasiones con respecto al trabajo sobre el que versaban, que se abordaba solo tangencialmente y de una manera cada vez más insulsa, sin penetrar en lo esencial. Paseamos por los jardines, dijo, pero nunca llegamos a entrar en el edificio. El objetivo de estos festivales le resultaba cada vez menos claro, a pesar de que estaba en la junta directiva. Aunque el valor personal de los libros, al menos para ella, iba en aumento, seguía teniendo la sensación de que el intento de convertir en asunto público lo que era un pasatiempo privado —leer y escribir—, estaba generando una literatura propia, en el sentido de que muchos de los escritores invitados destacaban en sus apariciones públicas, pero producían obras que, en su opinión, eran francamente mediocres. Para esas personas, dijo, solo existen los jardines: el edificio ni siquiera está o, si está, no es más que una estructura temporal que se vendrá abajo con la próxima tormenta. Pero reconocía, añadió, que su edad quizá tuviera algo que ver con su hartazgo. Cada vez se alejaba más de lo contemporáneo para volver a los hitos de la historia de la literatura. Había releído recientemente a Maupassant, y le había parecido tan fresco y seductor como lo fue en su momento. Mientras tanto, el gigante imparable de la literatura comercial seguía triunfando, aunque tenía la sensación de que el matrimonio entre ambos principios —negocio y literatura— no pasaba por su mejor momento. Bastaría con un mínimo cambio en los gustos del público, con la decisión irreflexiva de gastarse el dinero en otra cosa, para que todo —la industria global de la edición de ficción y sus empresas auxiliares— se derrumbara en un instante, mientras que la pequeña roca de la auténtica literatura seguiría en pie, donde siempre había estado. "


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